sábado, 27 de junio de 2015

Los ojos que te aman.

¿Quién te ha hecho llorar, amada mía?
¿Quién sería capaz de llenar tu corazón con tanta amargura como para borrar la sonrisa que tantas veces me has mostrado?
¿Por qué quisiera alguien apagar el brillo en tus ojos como si no fuera más que la flama de una simple vela?

¡Dime!

Ven, cuéntame todo. Deja que la tristeza se mezcle con el color de mis ojos. No me pasará nada.

¡Oh, amada mía!
¿Por qué sigues cayendo por él?
¿Por qué sigues corriendo hacia la puerta cada vez que el timbre suena?
¿Acaso disfrutas el sabor amargo en tu boca?

¡Dime!

Creo que no lograré entenderte jamás. Te veo ir de aquí para allá en las mañanas, en las tardes y en las noches.
Te veo aun cuando crees que no hay nadie más contigo.
Sí, lo has notado. Muchas veces lo has notado. ¡Y tiemblas!
¡Pero no deberías temerle a los ojos que te miran!
Porque esos ojos son los míos, y yo te amo.

Pero tú no me amas. No como amas al que te ha hecho llorar y maldecir aun en tus sueños más pesados.

No, tú no me amas, porque para ti… yo solo soy la pintura que cuelga en tu pared.