domingo, 21 de junio de 2015

El hombre que decía ser mi padre.



"Cuando somos niños nos dicen que no debemos hablar con extraños. Claro que cuando crecemos esa regla se rompe muchas veces, ya sea que le hables a la anciana a tu lado en el autobús o que el sujeto a tu lado no parezca ser un desquiciado sino un potencial esposo. A veces hablar con un extraño resulta ser mejor que hablar con nuestra propia gente. A veces vemos en un desconocido la persona que quiesiéramos haber tenido en nuestra vida desde siempre. Pero de igual forma, hablar con un alguien que no conocemos del todo puede ser peligroso. Mucho."

 
La relación con mi madre nunca fue buena. Ella se había divorciado de mi padre cuando yo tenía tres años y se había dedicado a borrar todo rastro de él en nuestra casa.
El día que me fui a la universidad fue el mejor día de mi vida, finalmente sería independiente y no tendría que soportar la horrible personalidad de mi madre.

Un día, después de haber terminado los infernales exámenes finales, regresé al cuarto que me rentaba una dulce anciana por una cantidad realmente baja y vi que tenía un correo nuevo.

“Hola, Lizzy” decía el correo.
“Sé que no te recordarás de mí porque salí de tu vida cuando aún eras muy pequeña y por lo que sé tu madre hizo un muy buen trabajo en tirar todas las fotos en las que yo aparecía”

         Al leer esas palabras se formó un horrible nudo en mi estómago y garganta. Mi madre había tirado todas las fotos en las que mi padre aparecía y cada vez que le preguntaba por qué lo odiaba tanto ella me gritaba y me hacía irme a mi cuarto. Estando ahí podía escucharla llorar en la sala. ¿Cuánto daño le había hecho mi padre realmente? Siendo más grande le pregunté de nuevo y lo único que mi madre me dijo fue que él era un “desgraciado que evitó que ella triunfara en la vida”. No entendí mucho de eso, pero una noche se me ocurrió que tal vez…sólo tal vez, la razón por la cual mi madre lo odiaba tanto era porque él la había dejado embarazada.
Tal vez por eso nunca fue buena conmigo realmente.

“Sé que ha pasado mucho tiempo y créeme que muchas veces intenté ponerme en contacto contigo (incluso con tu madre) pero ella también hizo un trabajo impecable en mantenerme alejado. No sé si te llegó a mentir diciéndote que había muerto o algo. Pero estoy vivo. Y quiero conocerte”

Por poco me voy de espaldas, si la silla no hubiera sido lo suficientemente pesada como para soportarme, probablemente lo hubiera hecho. Empecé a hiperventilarme y tuve que salir y caminar por el parque. El poco sueño que había sentido se había esfumado. ¡Mi padre quería conocerme!
Estaba aterrada, era el hombre que se había esfumado fuera de mi vida, aunque no fue porque él quisiera, ¿o sí? Mi madre se encargó de eso. ¿Cómo consiguió mi correo electrónico? ¿Sería tan malo como mi madre decía?
Tenía muchas preguntas y ya que era obvio que mi madre nunca las respondería, ni siquiera en su lecho de muerte de seguro, tendría que obtener respuestas de ese hombre que decía ser mi padre.

Regresé a mi cuarto como a las seis de la tarde, medio empapada por la llovizna que había caído. La computadora seguía encendida y mi correo seguía abierto en la misma página en lo que lo había dejado.
Después de pensarlo una y otra vez, le respondí. Le dije que podríamos vernos en el salón de comida del centro comercial de la ciudad el fin de semana. No era un lugar privado en absoluto pero no iba a ver al hombre (que por más extraño que pareciera era mi padre) en un lugar alejado o solitario. Supongo que comparto algo de la paranoia de mi madre.