domingo, 22 de marzo de 2015

Un juego de niños



Al principio pensó que lo que veía no era más que un juego de pelota; los niños que no tenían más de diez años gritaban y se revolcaban en la tierra pateando al balón con sus zapatos desgastados. El balón tenía una forma extraña y eso fue lo primero que le llamó la atención, no era completamente redondo, parecía no sé, deformado.

Finalmente la curiosidad lo hizo acercarse a la cancha que no era más que un terreno baldío rodeado de hierba seca y basura, pero para los niños parecía ser el estadio más grande del mundo. Se acercó y se sentó en un pedazo de terreno que no parecía estar "tan" sucio. Se acomodó y miró.

Los niños estaban colorados y muchos de ellos tenían feos raspones en sus rodillas y codos, sangre seguía brotando y esta se mezclaba con la tierra, sus playeras agujereadas por la vejez y los jalones que se daban unos contra otros en su esfuerzo por tener el extraño balón y anotar en la portería que estaba compuesta por dos enormes piedras para separar lo que era la portería y lo que era la cancha. Por más que intentaba hallarle forma al balón no podía verlo claramente, sin duda no era un balón de fútbol tampoco uno de fútbol americano, no estaba hecho de basura, era simplemente extraño.
  En un momento de rabia (uno de los otros niños lo había empujado y su playera había quedado hecha pedazos) uno de los niños empezó a gruñir como un animal y se lanzó sobre el que lo había empujado para darle brutales golpes. Los demás niños empezaron a gritar de forma gutural como un montón de salvajes. Él no entendía que pasaba pues no parecía ser un pleito normal entre niños, era algo más violento y salvaje. Se levantó sintiéndose un poco aterrado y corrió hacia el grupo de niños que miraban atentos a los dos pequeños dándose golpes sin piedad. "Alto, alto ¡Alto!" les gritó. El niño que había empujado al otro tenía el rostro lleno de tierra y era obvio que su nariz estaba rota, él pensó que el pequeño estaba muerte pues ya casi no se movía. El pequeño sobre él aún le daba bruscos puñetazos que parecía que lo odiaba a muerte, sus ojos brillaban con el deseo y placer de un asesino.
  Finalmente se separaron, el hombre tomó al niño del brazo tal vez un poco fuerte y éste siseó como una serpiente mirándolo con esos ojos hundidos y rabiosos.
  "¡Qué carajos es esto!" les gritó, el otro niño seguía tirado en el suelo, su rostro ensangrentado y nariz torcida.
Nadie dijo nada y por un momento el campo entero estaba en silencio, el sol ardiente sobre ellos parecía incrementar su fuerza, el hombre se sintió en peligro. No se había dado cuenta de cuantos niños habían a su alrededor.
  Soltó al pequeño dejando marcas en su brazo. Dio un paso atrás y tropezó con uno de los otros niños; el pequeño sostenía el balón como si no quisiera que nadie más lo tocara. El niño cayó sentado al suelo soltando el extraño balón. El hombre se acercó y lo tomó, sentía una inmensa fascinación por descubrir lo que era. El balón estaba gastado, sacudió la tierra lo mejor que pudo como un arqueólogo que ha encontrado un antiguo artefacto y lo miró. Miró los restos de cabello que aún colgaban del desprendido cuero cabelludo, observó la piel que colgaba y que él había pensado era cuero. No habían ojos, se habían ido hacía mucho tiempo y ahora solo habían dos cuencas rellenas de más tierra pasto, la boca estaba cocida con un hilo grueso y negro, la nariz y orejas habían sido cortadas y lijadas para que la cabeza fuera más o menos uniforme. El hombre tragó aire pero este no salió, soltó el horrible balón y este rodó un poco y luego se quedó quieto. Los niños lo miraban fijamente.
  (Oh Dios, voy a morir, voy a morir y van a usar mi cabeza como un nuevo balón)
Debía correr pero él pensó que sus piernas no responderían, pensó que simplemente tropezaría y ahí sería cuando los niños le caerían encima y lo matarían. Pero como si sus piernas tuvieran mente propia él empezó a correr y corrió sin mirar atrás. Corrió fuera del campo y fuera de aquel pueblo baldío. La libreta en su pantalón se cayó en algún punto, en ella había escrito sólo un titular para su próxima noticia: "PADRES SIGUEN DESAPARECIENDO Y MÁS Y MÁS NIÑOS SIGUEN QUEDÁNDSE SOLOS EN LAS CALLES DE ESTE PUEBLO."


El niño que le había dado la paliza al otro recogió el balón y gritó de forma salvaje a los demás para que empezaran a jugar, la cabeza empezó a rodar otra vez.
Lentamente el otro niño con la nariz rota y boca partida se arrastró fuera de la cancha, se recostó sobre la tierra y se quedó quieto. No se sabía si estaba muerto o si estaba dormido, nadie parecía notarlo. Todos los demás niños seguían jugando bajo el sol como si no hubiera mañana.
Eso era todo lo que ellos querían, jugar y jugar. El sueño de todo niño.