miércoles, 25 de marzo de 2015

La mosca

¿Cuánto tiempo vive una mosca?
¿Quince, veinticinco días?
¿Acaso importa...?
Tal vez no, tal vez sí, a quien le importa la vida de una mosca, pero y si algo tan simple y obsceno deseara algo más, algo que muchas personas dan por sentado, ¿qué tal si una mosca solo quiere vivir?
Madre había dejado sus larvas en el cadáver de una rata al lado de la carretera, sus hermanos y hermanas disfrutaban el festín que la carne negra de la rata les brindaba, todas reunidas en el medio del cuerpo por donde el auto lo había partido a la mitad, bueno casi todas, una simple mosca se alejaba de aquel putrefacto animal,
Franco disfrutaba lo que sería su último cumpleaños, al menos con todas sus funciones cerebrales, gritando y derramando alcohol por la mesa, mientras un par de hermosas jovencitas-resultado de un par de descuidados padres-agitaban sus traseros frente a él, dinero salía de sus bolsillos, "Que diablos" decía Franco mientras contaba cuanto le quedaría para el resto del mes después de esta noche. "Qué diablos".


  La mosca había dejado su hogar horas atrás, ahora, en compañía de otras moscas que bien podrían ser familia pero quien sabe, descansaba sobre lo que quedaba del rostro de Mario Gardón, un borracho más que había perdido el equilibrio la noche anterior y que había caído desde el borde de un barranco, su cuello se había quebrado de inmediato y ahora su cabeza miraba permanentemente hacia atrás, el horror ya se había esfumado de sus ojos que ahora eran blancos y vacíos. Eran las 9 pm, la mosca empezó a volar otra vez.
El motor parecía estar muerto, tal vez era una señal, pero Franco estaba demasiado intoxicado para pensar, y bueno, al final del día tendría mucho tiempo para pensar.
"Oh ho ho ho" dijo riendo mientras el motor arrancaba, poco a poco salió del estacionamiento del bar, y poco a poco se dirigió a su crudo y triste final. Eran las 3 de la mañana.
La mosca había descubierto el excremento humano, dentro de una vieja fosa séptica, bajo la opaca luz de un retorcido poste, era como una especie de club subterráneo, lleno de gusanos, larvas, ratas y por supuesto moscas, todos juntos bailando sobre los desperdicios de una comunidad de más de treinta familias. Mientras la mosca posaba sobre los restos de lo que había sido una horrible diarrea producida por una hamburguesa mal cocinada, un equipo de paramédicos sacaba el cuerpo retorcido de Franco, su auto se había estrellado contra una pared del más duro concreto, tal vez la pared apareció de repente en medio de la carretera, o tal vez fue simplemente la estupidez humana. Qué diablos.
"Parálisis" fue lo único que Cristina pudo mantener en su cabeza, el resto de lo que el doctor dijo no importaba, ya nada importaba. Su esposo iba a tener tanto movimiento como el de una zanahoria.
En ese momento todo se detuvo, lo que Cristina entendía como tiempo dejó de existir, y por un tiempo la vida de ambos protagonistas se detuvo también.

Un reloj marcaba las 2:30 de la tarde mientras que un calendario decía  que era Agosto 13, un mes después.

Franco yacía en una cama con sábanas bastante blancas, su cuerpo rígido como una tabla, su cara con una tonta y horrible expresión de sorpresa. Su boca permanentemente abierta como diciendo Oooo, su cabeza calva por la terapia, la única prueba de que éste hombre zanahoria aún vivía eran sus ojos, sus grandes ojos negros, gritando todo el tiempo, llorando todo el tiempo.
Una ventana abierta le mostraba el mundo que él nunca vería otra vez, y en ése momento la mosca apareció.
¿Era eso posible?
Por qué no, dicen que las personas están unidas por un hilo invisible que entrelaza sus vidas, tal vez éste solo era un extraño hilo que ahora conectaba a este hombre zanahoria y a esta anciana mosca, tal vez. Qué diablos.
¿Puede una mosca desear algo?
¿Puede un ser tan simple como una mosca buscar algo mejor?
Tal vez, puede que no tenga sentido, pero tal vez.
Tal vez esta mosca se aburrió de vivir de una rata destrozada en una ruidosa carretera, tal vez se hartó de la frialdad en el cadáver de aquel otro borrachín, tal vez nunca quiso ser parte del club de la fosa séptica rodeada de cientos de bichos que se conformaban con aquel rancio ambiente, tal vez esa mosca solo quería vivir tranquila y cómodamente. ¿Quién no?
La mosca había observado la pálida habitación en busca de peligro, como en muchas de las casas en las que había estado, pero no encontró nada, ninguna mano trató de aplastarla, no había extrañas cintas pegajosas colgando en el techo, ni siquiera habían arañas o enemigos naturales. Era una triste pero limpia habitación. Cómoda en todo caso.
  Los ojos de Franco giraban en todas direcciones, envidiaba la libertad con la cual la mosca volaba, y luego el zumbido llegó a sus oídos, un horrible e incansable zumbido. Tan molesto como lo es el sonido de un bar para alguien sobrio, ojalá él hubiera estado sobrio. La mosca voló y se posó sobre su nariz, los ojos de Franco miraron a los muchos ojos de la mosca, el extraño hilo se convirtió en una pesada cadena.
Tal vez las moscas si pueden desear algo mejor, tal vez ésta mosca era única, ella no quería pasar sus días rodeada de muerte y desperdicio. Y ese momento la mosca descubrió -si es que eso era posible- lo que siempre había buscado, un hogar cálido.
Franco no representaba peligro alguno, eso era bueno, él era un cadáver más, pero tenía algo que lo hacía especial, perfecto para una mosca ambiciosa, él estaba vivo, apenas, pero vivo.
La mosca caminó lentamente sobre el rostro de Franco hasta encontrar la entrada. Una gran puerta que decía Oooo, una puerta que no se cerraría, de todas formas la mosca no se iría, no, ella odiaba el aspecto de la muerte, por eso se negó a morir, ella no era como sus hermanas que se abalanzaban sobre cualquier desperdicio sin importar cuan muerto o cuan podrido estaba.
Franco lloraba, no era asco, era terror, pánico, arrepentimiento.
Pesadas lágrimas caían sobre su rígido rostro, "Oh Dios, no, no ¡NO!"
En su cabeza una mórbida versión de aquella fiesta había empezado, horror llenó sus entrañas, mientras tanto, aquella ambiciosa mosca bajaba lentamente por su garganta, feliz, era lo más probable.
"Cristina nunca lo sabrá, porque la mosca nunca saldrá. No, no, no lo hará, porque ella encontró su hogar entre mis entrañas, y cuando yo finalmente muera, en todo caso mi cerebro pues mi cuerpo ya lo está, la mosca saldrá de mi frío cadáver e irá en busca de alguien más. Si eso pasará, porque la mosca no quiere morir y tal vez nunca lo hará. Tal vez, tal vez."