miércoles, 25 de marzo de 2015

Más allá de la realidad...

"Ya notomé lo que es real y lo que no..."


FRÍO
Hace un par de noches me encontraba viendo televisión en la sala de mi apartamento, eran las diez de la noche y aunque me sentía cansada no había podido conciliar el sueño.
Cuando finalmente empezaba a cabecear, escuché a alguien tocando a la puerta. Pensé en no responder, finalmente estaba quedándome dormida, así que no me importaba. Pero los toques a la puerta continuaron. Así que me levanté.
Me sentía nerviosa, después de todo ¿quién podría estar tocando a mi puerta a esa hora?

  -¿Quién es? Pregunté quedándome lo más lejos de la puerta, mi corazón empezaba a acelerarse por alguna razón.

  -Tengo frío –dijo la persona al otro lado de la puerta. Su voz sonaba muy ronca y gastada, como si su sufriera de la peor infección en la garganta. Un escalofrío subió por mi espalda, erizando los pelos en mi cuello.

  -Tengo frío –repetía el hombre, su palabras sonaban exactamente igual. Empezó a tocar la puerta otra vez.

  -Lo-lo lamento, puedo llamar a una ambulancia si quiere –pregunté, mi respiración era agitada, podía escuchar el ruido de la televisión al fondo. El hombre sólo seguía tocando a la puerta de forma simple y monótona.
Fui y tomé mi celular para llamar a seguridad o una ambulancia o algo, cuando el hombre somató la puerta.

  -¡DÉJAME ENTRAR! POR FAVOOOOOR, TENGO FRÍO TENGO FRÍO. DEJAMEEEEEEE

Esa última palabra pareció extenderse por siempre, ahí fue cuando supe que no era algún tipo de vagabundo que de alguna forma había logrado entrar al edificio. El tipo era peligroso.
  -¡Váyase por favor! Llamaré a la policía, así que por favor váyase –mis dedos se aferraban al celular en mi mano.
Pensé que él iba a hablar de nuevo o a tocar o golpear la puerta, pero todo quedó en silencio de nuevo.
Me quedé parada en medio del comedor como por cinco minutos, decidí acercarme a la puerta, me asomé por la mirilla y no vi nada. Me aseguré que los seguros estuvieran puestos y regresé al sofá.

Cráneos flotaban a mi alrededor, tan blancos como la nieve, flotaban y se escuchaban pasos al fondo. Todo estaba oscuro y yo me encontraba flotando en medio de la nada. Esas horribles calaveras empezaron a acercarse a mí. Ahí fue cuando abrí los ojos.
Ahí fue cuando escuché los toquidos otra vez.

La transmisión había terminado así que la televisión mostraba nada más que estática, me levanté mareada y oliendo el sudor en mi cuello. Iba a buscar el control para apagar la televisión cuando escuché los toquidos otra vez.
Mi sangre se heló, estaba lista para llamar a la policía esta vez, excepto que los toques no venían de la puerta. Un hombre estaba sentado a la mesa del comedor, viéndome y golpeando la mesa como si ésta fuera una puerta de algún tipo.
Me quedé ahí parada al lado del sofá, sorprendida a tal grado que no sabía si aún estaba dormida, la estática que venía del televisor parecía sonar en mi cabeza también.
  El hombre estaba sentado en la silla en la que yo me sentaba todas las mañanas, su rostro tenía un horrible y pálido color azul, mechones de cabello blanco colgaban a los lados y sobre sus orejas, como el cabello de un payaso.
 La punta de su nariz parecía haber sido cortada, y ahora sólo mostraba un par de negros orificios nasales.
Intenté abrir la boca para gritar, pero apenas y pude tomar aire, el celular estaba pegado a mi mano, pero no podía ni levantarlo, era lo mismo que tener un yunque. El hombre me veía con sus ojos hundidos y plateados, sí, plateados como los ojos de un animal en la oscuridad. Sus labios azulados y partidos parecían temblar como si quisiera hablar pero no podía despegarlos.

  -Tengo frío –dijo finalmente, su boca mostraba un par de dientes negros y carcomidos.
Yo me quedé ahí parada como una idiota sin poder hacer nada, podía correr hacia mi habitación o hacia la puerta principal, pero mis pies parecían clavados a la alfombra.
Mi celular empezó a sonar, eso fue lo que me hizo reaccionar.
El rostro del hombre se llenó de un oscuro enojo, sus ya horribles facciones se retorcieron aún más y lo hicieron ver como una mezcla de hombre y rata.
  Me decidí por correr a la habitación, pero el hombre se levantó como una bestia a la caza en un segundo, era mucho más alto de lo que parecía sentado.
Un grito ahogado salió de mí y antes de que pudiera siquiera dar dos saltos a mi habitación, él estaba sobre mí. Sus manos sujetaban mi cuello y cabellos, unas feas uñas salían de cada dedo, sus manos eran muy pero muy frías.

  -Noo no no por favor no me haga daño –supliqué alejando mi rostro del de él, su aliento olía a ajo y moho. Sus ojos se habían tornado de un color amarillento.

  -Tengo fríooooo ¡FRÍO!

Su rostro cada vez más cerca. Cerré los ojos mientras el celular seguía sonando. Y sonando, y sonando...

Ahí fue cuando desperté.
Mi rostro entumecido por el horror de una pesadilla que iba más allá, mis manos aferradas a la almohada y mis sábanas empapadas de sudor.
Mi celular estaba sonando.
Me levanté aún con la voz de ese hombre en mi cabeza, respondí y escuché a mi madre al otro lado de la línea.

  -Tu padre ha muerto –dijo mi madre.
El horror no parecía tener fin en mi vida, ahí me di cuenta que algo andaba muy mal conmigo, me quedé ahí llorando, no sólo por la noticia de que mi padre había muerto, si es que eso era cierto, pero porque mi madre había hablado tan claramente, era ella, de eso estaba segura.
Mi madre había muerto un año atrás.