domingo, 26 de abril de 2015

Tres días después...


¡Debí haber venido antes! ¡Oh Dios!
Esto...esto...no. No es real. ¡ME CONDENO POR MI ESTUPIDEZ!

Oh mi amor, lo lamento tanto. Debí haberte escuchado cuando venías a mis sueños y extendías la mano pidiendo auxilio. ¡¿Pero cómo iba yo a saber?!
Debí entender lo que querías decirme, pero yo, yo me sentía tan triste que creí que era sólo una forma de castigarme por no haber estado contigo en tus últimos momentos. Debí haber estado ahí para decirte adiós, para besarte y cerrar tus ojos para siempre.

¡Oh Dios, ¿por qué me has hecho esto?!
Primero trajiste a esta hermosa mujer a mi vida para que llenara mis días de la más pura alegría y luego le lanzaste tan cruel enfermedad que la consumió como el fuego consume las delicadas flores de un bosque. Y ahora, cuando creí que podía seguir sin ella. ¡Oh Dios!

Amada mía, lo-lo lamento, perdón. ¡Perdóname!
Debí haberte seguido, debí haber tomado tu mano cuando me pedías auxilio en mis sueños. Ojalá hubiera entendido que todos nos habíamos equivocado, que los doctores estaban mal, que tú...¡Jesús!...que tú no estabas muerta. ¡MI AMADA NO ESTABA MUERTA!

Ahora de qué sirve que estoy aquí, en este oscuro cementerio con mi ropa empapada de sudor y manchadas de tierra. ¿De qué? de qué me sirve estar aquí contigo mi amor, sosteniéndote en mis débiles brazos como el día de nuestra boda.
Esa pala y ese ataúd abierto. Esos rasguños en la madera, las marcas de uñas que trataron de quebrar la dura madera de ese ataúd tan fino que te compré y que al final fallaron ¡Oh Dios, sólo puedo imaginar la desesperación con la que gritabas y rasgabas ese maldito cajón hasta que tus uñas se cayeron!. ¿De qué me sirve estar aquí ahora? Si no escuché tus gritos, si no hice caso a los horribles sueños que tuve desde la primera hora en que cerré mis ojos después de tu funeral.
Mi amada. Mi vida entera era tuya y te fallé. Debí haberte escuchado desde esa primera aparición en mis sueños. ¡Estábamos equivocados!

¿De qué me sirve haber venido esta noche, tres días después de tu funeral, para finalmente saber qué querías decirme?

¡Mi amada no estaba muerta!

Pero eso ya no importa...de nada me sirve pensar. Ahora estás muerta.