jueves, 2 de abril de 2015

Soy un profesional



Me puse los guantes, amo el sonido que hacen al estirase en mis dedos, el aroma también.
Acerco la charola de metal con mis instrumentos tan limpios y brillantes, vibrando como los dientes de un niño aterrado. No puedo evitar sonreír abiertamente, siento mis mejillas bien estiradas mientras me acerco al pequeño tendido en la silla.

"No dolerá, muchacho, saldrás de aquí muy pronto". El niño intenta sonreír pero veo su temor, sus manos aferradas al borde de plástico de la silla, la servilleta en su cuello parece causarle horrible incomodidad, o tal vez soy yo y mi enorme sonrisa.

Todo está casi listo, pongo mi charola de metal a su lado, mi bata blanca bien puesta. Enciendo la lámpara y la enfoco sobre su rostro. Unas cuantas lágrimas salen de sus aterrados ojos. "Tranquilo muchacho, soy un profesional. Te juro que no te dolerá".
"Eeee bueno" su voz es débil. Una carcajada sale de mí, más incomodidad para él, más placer para mí.

"Abre la boca, como diciendo AAAAAA. ¿Entiendes?"
El niño obedece, su boca bien abierta mostrando todos sus pequeños dientes, chuecos y tiernos.
Doy el primer paso y tomo la jeringa, presiono un poco y veo como una diminuta gota sale de la aguja, brillando con la luz. Veo al niño temblar.

Inserto la aguja al fondo de su paladar, poco a poco el sedante entra a su sistema, un pequeño chillido sale del niño, su lengua se retuerce como un gusano, mi respiración es profunda, la del niño es agitada.
Después está listo para seguir, su boca adormecida, sus rosadas mejillas algo hinchadas.
Uso la sonda de hoz para buscar caries, y encuentro una muela perfectamente floja y carcomida, lista para ser arrancada de su boca como un parásito.
Mi corazón late como si hubiera encontrado oro, estoy tan vivo.
Muchos dirían "Que clase de lunático es este tipo", lo sé, si me hubieran visto antes, si supieran...en fin, el niño espera.

Tomo el espejo y observo cuan muerta está su muela, estiro mi brazo para tomar la pinza, miro los ojos del niño, tan abiertos y aterrados. Mis mejillas me duelen de tanto sonreír, pero no puedo evitarlo, me encanta lo que hago, ¿me hace eso un lunático?, no, soy un doctor.
Froto mis dientes, ansioso. El pequeño no para de temblar.

Mientras tanto, su madre espera en la sala, leyendo una revista, despreocupada, sin saber del pánico que ahoga a su hijo, pero ¿por qué debería preocuparse?, al fin de cuentas soy un profesional.
Tomo el taladro para limpiar sus dientes, quiero alargar la extracción lo más que pueda, no me pregunten por qué.
El niño cierra sus ojos húmedos, un suspiro enorme baja por su garganta, una risita tonta sale de mí, saboreo cada segundo mientras el sonido de taladro llena la habitación.
Escucho el sonido del metal frotándose contra sus dientes, hurgando entre las encías, entre los dientes, chillando una y otra vez. Como alguien rasgando una pizarra. Ooooh amo tanto mi trabajo.
Finalmente procedo con la extracción, "¿duele mucho?" pregunta el pequeño.
"Sólo un poquito, pero nada que temer, yo estoy aquí."
Giro la pinza, la muela se mueve a todos lados, tan débil, moribunda.
Poco a poco la retuerzo con más fuerza, puedo sentir los nervios del pequeño tensarse, miedo, sufrimiento. Sangre empieza a salir, mezclándose con la saliva acumulada en sus mejillas, su lengua empieza a despertar.

Mi corazón se acelera, mis ojos observan atentos mientras que, con un solo jalón, arranco la muela de su encía. Sangre brota, no demasiada pero suficiente para mí. El niño llora  en silencio. Todo ha acabado.

Pongo el algodón en el espacio vacío en su boca, su boca hinchada lo hacen lucir cómico, pero sus ojos aún siguen empapados. Aún siento el horror en su pecho.
"No fue tan malo, ¿cierto?".
El niño solo mueve la cabeza mientras lo llevo con su mami.

Ambos se despiden, mi rostro se entristece, me siento vacío otra vez.

La puerta se abre, una pequeña con cabello rizado entra a la sala llorando de dolor mientras frota su mejilla. "Le duelen tres muelas" me dice la madre.
Suspiro, mi sonrisa es enorme, demasiado tal vez, pero qué puedo hacer, amo lo que hago.

"¡Perfecto!" No puedo evitar mostrar mi emoción, mis manos aplauden cómicamente.
Me inclino para ver a la niña de frente, deseo aliviar tanto su dolor, taaanto.
"Ven conmigo pequeña.."
Puedo ver la incomodidad en el rostro de ambas, tal vez es mi enorme y abierta sonrisa, o mi mirada fija, o todo, yo en general, no lo sé.
Pero en fin, no deben preocuparse, después de todo, soy un profesional.