jueves, 2 de julio de 2015

Dios.



Siempre he tenido este diálogo interno conmigo mismo o con las muchas personas que habitan mi mente como un reflejo de las que conozco (debo admitir que al leer lo que acabo de escribir me siento algo sorprendido por lo loco que suena, aunque no soy el único).
         Como sea, el diálogo que mantengo a veces es sobre Dios.
¿Creo en Dios?

Hasta este punto en mi vida he llegado a sentir que mis creencias están en una especie de limbo. Obviamente mi familia cree en Dios, ahora, no es que yo no crea, simplemente que no estoy del todo convencido de la existencia o de que todos los hechos que nos cuentan en la biblia sean reales.
Recuerdo una vez cuando era niño que, por alguna estúpida razón que no recuerdo, dije que iba a dejar de creer en Dios. Esa misma tarde le estaba pidiendo perdón y jurando que no volvería a decir algo así.
         Hasta el momento mi juramento ha estado más o menos intacto, nunca he dicho que no creo en Dios pero mi idea sobre Él ha ido volviéndose difusa.
¿Es Dios un ser consiente que nos observa desde arriba?
¿O es acaso una especie de energía neutra que mueve las cosas sin mente o voluntad?

Algo que sí he hecho varias veces y por lo cual a veces el diálogo que mantengo en mi cabeza suena ilógico y hasta hipócrita, y es pedirle a Dios muchas cosas a lo largo de la vida.
         Dios, por favor…si me salvo de esta no volveré a hacerlo”
         “Por favor Dios, protégelos a todos…protégeme a mí”
         “Dios, te pido por favor que todo salga bien…”
Nunca he hablado con un ateo, pero me pregunto qué hacen ellos en los momentos de desesperación. Digo, porque si Dios no fuera un ser real, tal vez es simplemente la idea o imagen que nuestra mente creó para soportar en los momentos de más temor y desesperación.
¿A quién le piden cosas en sus momentos de angustia?

¿A quién acuden cuando simplemente no tienen con quién hablar?

¿Acaso ruegan cuando ven que un ser amado sufre?

Es fácil pedirle cosas a Dios, creo que es por eso que la idea de un Dios suena tan atractiva para nuestras mentes. “Pide lo que quieras, aquí no hay límite de tres deseos, no todos se cumplirán…pero no hay ¡límite!”
Cumplir las cosas que le prometemos es lo opuesto. “Te juro que seré bueno” “No volveré a beber…” “Te alabaré cada mañana” “No pelearé”
Aunque, sin duda lo mejor es que tienes un oído que siempre te escuchará. (Ahora sin duda sueno más como alguien religioso que alguien que tiene dudas).
La idea de que el cielo existe es encantadora porque te hace soñar con que, aunque vivas en la peor de las miserias, al final todo habrá valido la pena. Aunque si no fuiste bueno pues…
¿Y si al final simplemente nos borramos?
Tal vez no hay luz u oscuridad al final, ¿cómo saberlo? Tal vez simplemente dejamos de existir y un ser que no existe no puede temer o disfrutar. Para qué temerle a una oscuridad eterna si no vas a existir para verla. No serás nada. Punto.

Cada vez que salgo o que alguien sale, mis padres dicen “Que Dios te acompañe” o si algo bueno pasó dicen: “Gracias a Dios”
O si esperamos alguna noticia en el futuro: “Sólo Dios dirá”
         Yo nunca he podido abrir la boca y decir eso.
No sé si es porque en el fondo siento que es algo inútil…o porque temo sonar como un hipócrita al decir algo que probablemente sonaría vacío. Tal vez no crea en Dios… ¿o sí? Sin duda la idea de irme al infierno me aterra.
         Cuando cursaba Básicos, (no sé cómo le llaman en su país pero aquí son los grados que vienen al terminar primaria) fui a una especie de retiro juvenil religioso cristiano. En esos días, mi autoestima era tan poca que no sé cómo era capaz de hacer amigos. Pensé: “Tal vez Dios es la respuesta…tal vez Él hará que pueda confiar en mí mismo”
         Así que fui.
La experiencia en sí fue buena, pero había algo que me molestaba.
Mentiría si les dijera que no sé qué era en ese entonces, pero sí sabía… ¡No sentía lo mismo que todos sentían!
Rezaba cuando lo pedían y sí lloré en los momentos más emotivos, pero en mi cabeza sólo pedía que todo acabara, quería irme a mi casa, quería salir de ahí. Y cuando todo acabó y fui a la escuela el día siguiente me sentí “cambiado” o al menos así pretendí. Amaba a todos y quería que ellos me amaran igual porque ahora yo era bueno y puro. Pero era la escuela y en la escuela no puedes amar a nadie y no puedes respetar a nadie. Para el final del día, aquella sensación se había ido. ¿Y cómo me sentía? Pues igual. Seguía teniendo el mismo miedo a la gente, seguía sintiéndome miserable y confundido. Buuu.

Creo que podría seguir hablando de esto todo el día (probablemente lo haré en mi cabeza) pero escribiré sólo un poco más.
         No creo que pueda eliminar a Dios de mi subconsciente por completo, aun si no lo mencione a la hora del almuerzo o le agradezca por la vida que tengo, sin duda lo recordaré cuando camine en una calle peligrosa o cuando venga en un autobús que va a excesiva velocidad. Veré como el sol va girando (claro que somos nosotros los que giramos) y alejándose de este lado del cielo para ir a otro continente y pensaré ¿Quién hizo esto? ¿A quién se le ocurrió todo este plan?
Tal vez la idea de Dios no se responderá del todo hasta que encontremos vida en otro planeta (Y sí, yo creo que hay vida en otros planetas, debe haberla, no como las creaturas horribles de Alien, pero tal vez algo parecido a nosotros)
No creo que Adán y Eva fueron los primeros.
Sí creo en la evolución, al menos lo que entiendo de ella.
Si creo que ser buena persona vale la pena, ya sea que vayas al cielo al final o que simplemente te haga vivir bien.

Seguiré buscando a Dios cuando quiera algo (Sé que hay personas que viven peor que yo y que todos los días le piden a Dios cosas que sí merezcan) ¿A cuántas se les cumplen esos deseos? ¿Por qué Dios debería oírme a mí si hay alguien que está peor que yo?
Le seguiré dando las gracias en silencio aunque no crea del todo que me están oyendo realmente.

Temeré su ira…pero cuestionaré sus mandatos.
Dios, da un golpe para sí y dos para no.
¿Acaso he blasfemado?
¿Acaso debería preocuparme?

Trataré de ser bueno…para Él y por mí.
Seguiré esperando una señal…