miércoles, 15 de julio de 2015

Cerca del cielo



         A él le encantaba volar. Le encantaba sentirse libre al menos por unos segundos, amaba la idea de estar cerca de las nubes y casi, casi, poder tocarlas como lo hacía con el césped. Le gustaba abrir los ojos y sentir la suave luz del sol en su rostro. ¡La alegría de estar flotando! Él disfrutaba gritar y reír, disfrutaba esa nueva e hilarante emoción. Ya no sólo lloraba y lloraba, ahora podía disfrutar. La vida era hermosa y a él le encantaba.
         Él subía y bajaba, a veces creía que se acercaba más a las nubes, reía con más fuerza, y luego se detenía y sentía la fuerza que lo jalaba hacia abajo. Él quería subir otra vez.
         Pero a veces un nuevo pensamiento llegaba a él, algo horrible.
¿Y si caigo y no hay nadie que me detenga?
         Nuevamente se detuvo antes de poder tocar las nubes y nuevamente sintió las manos que lo jalaban hacia abajo con fuerza. Tuvo miedo.
¿Y si caigo y no hay nadie que me sostenga?
         Su corazón se aceleró y de repente quería sujetarse de algo, pero no había nada a su alrededor, nada a lo que sus manos pudieran aferrarse. ¡Estaba cayendo al vacío y nadie lo detendría! Sentiría esa otra horrible sensación que odiaba; dolor.
         Entonces gritó y ya no era de alegría, le gritó a las nubes para que lo ayudaran, les gritó a las aves para que bajaran y detuvieran su caída pero ellas no hicieron caso. Cerró los ojos y tuvo miedo.
         Las manos seguían jalándolo con más rapidez y el pedía que lo sujetaran, pero ahora sabía que nadie lo haría. No volvería a volar, no volvería a estar cerca del cielo, él caería y sentiría dolor y nadie llegaría para cuidarlo ni para cantarle. Él sentiría mucho, mucho dolor.
         Cerró los ojos y esperó a que el sufrimiento llegara.


         Shhhh, yaaa, yaa pasó, ya mi amor…
Abrió los ojos, y vio al hombre que lo cuidaba, el hombre que llamaban papa. Él temblaba y el hombre lo abrazó con fuerza, le dio un beso en la mejilla y le limpió la lágrima en su mejilla.
         Yaaaa, shushushu, ¿te asustaste? Va, ya no más avioncito entonces. Vamos con mami.
         El hombre le hizo caras y él rió, todo estaba bien.
Mañana volverían al parque donde él podría estar cerca del cielo otra vez.
         ¿Y si mañana aquel hombre ya no está para detener su caída?
         ¿Y si nadie llega a cuidarlo mientras él llora de dolor?