domingo, 23 de abril de 2017

TOC, TOC, TOC

Cinco...cuatro...tres... dos... uno...
Listo. Todos los seguros de la puerta están puestos. Debo revisar la puerta de la cocina. Reviso la ventana y pongo el seguro. Ahora reviso la puerta del patio: una, dos, tres veces. Sí, está bien cerrada.
Debo ir arriba —¿Aseguré la ventana?'— "No, no lo hiciste". ¿O sí? ¡No!, ahora sé que no.
Voy a la cocina otra vez; ¡La ventana está bien cerrada!
Debo ir arriba.
¿Y los cubiertos?
Abro la gaveta y cuento los cubiertos. Cinco cucharas en la derecha. Seis tenedores en la izquierda. Tres cuchillos en el centro. "Nadie ha estado aquí y nadie ha revisado nada."
Cierro la gaveta y repito: cinco, seis, tres. Todo bien. "¿Seguro?"
No, conté mal... creo. Tal vez. Es probable.
¡Una vez más!
Cinco... seis... tres. Catorce en total.
¡Debo ir arriba!
Doce escalones, catorce cubiertos, cinco seguros en la puerta principal. Uno en la ventana y puerta de la cocina.
Voy a mi cuarto.
Todo en orden. La silla de mi escritorio está a cuatro pies de mi cama. Dos almohadas y tres pares de zapatos.
Me asomo por la ventana. No hay nadie. Cierro la ventana y giro el seguro cuatro veces.
Me acuesto en mi cama y cuento...
Y cuento...
El reloj marca las 23:43. Cierro los ojos.
TOC, TOC, TOC.
"Alguien toca la puerta". ¡No es cierto!
TOC...TOC...TOC...
"¡Esos son pasos! ¡Hay alguien dentro de la casa!".
Me quedo quieto. El reloj marca las 23:56. Silencio. Debo dormir y no debo contar.
Abro los ojos y suspiro hondo.

Debo bajar y revisar todo de nuevo.