martes, 30 de junio de 2015

Lo que habita mis sueños.

No puedo dejar que me duerman. ¡No puedo!
Verán, hay alguien en mis sueños. Alguien que se sigue acercando.

En mis sueños, yo me encuentro caminando por una enorme mansión; de esas mansiones enormes y oscuras que abundan en los cuentos góticos, camino por las habitaciones vacías. Quiero salir y no puedo, trato de abrir las muchas puertas que encuentro pero todas están cerradas, todas excepto…
         Hay una enorme puerta que sé que lleva a las catacumbas de esta tenebrosa mansión. La puerta es de madera sólida y muy vieja, como los portones de una iglesia. Alguien está llamándome.

         «Eeeeeyyy…tuuuu» Dice la voz desde muy lejos.
Trato de reusarme a abrir la puerta, sé que puedo abrirla pero que no debería, pero no puedo evitarlo. La voz parece arrastrarme y casi puedo sentir unas invisibles manos jalándome de los brazos. Un escalofrío de muerte irrumpe en todo mi cuerpo. Mi mano está en la perilla y la giro.

La primera vez que abrí esa enorme puerta en el sueño, vi que del otro lado había un enorme pasillo, tan largo que la luz al final se veía diminuta. Aun así podía distinguir la figura parada al final del pasillo, una figura sin forma clara y que parecía estar saludándome. Ahí es cuando despierto.

No me asusté al principio. Todas las noches eran iguales; yo soñando con esa oscura y tenebrosa mansión, yo viendo la pesada puerta de madera, yo abriéndola y mirando a lo largo de ese pasillo. Yo mirando la figura parada al final, la figura que agita el brazo en señal de saludo.
Pero rápidamente me di cuenta de que cada vez que abría aquella puerta, la figura se iba acercando. Ya no era una diminuta y borrosa silueta, poco a poco se hacía más humana, excepto que no lo es. Seguía siendo una silueta oscura, pero eso es porque eso no tiene rasgo alguno. No había ojos o boca o nariz distinguible, sólo una figura humanoide completamente negra.

         Así empecé a evitar el sueño. Sé que cada vez que abro la puerta dejo que la maligna silueta en el pasillo se acerque más a la salida, a donde yo estoy.
Aquel ente siempre parece saludarme, como si fuera un viejo amigo. Pero yo sé que sea lo que eso sea ¡No es bueno! Lo sé. Puedo sentirlo


La última vez que dormí fue hace tres días; en mi último sueño esa figura estaba prácticamente frente a mí, extendió su brazo como si esperara un apretón de manos y ahí desperté. ¡Ese ser estaba frente a mí!
         No puedo dormir. No debo. No sé qué pueda pasarle a mi mente o a mi alma si dejo que esa criatura salga de esas antiguas catacumbas…

Pero el sueño es tan pesado.
Mis ojos se sienten tan pesados…
Tal vez…
Tal vez pue…da…

lunes, 29 de junio de 2015

Una segunda oportunidad



Tuvo que detenerse un momento. Sus manos no dejaban de sudar y su cuerpo entero temblaba como si una continua corriente eléctrica pasara a través de él desde el piso. Cerró los ojos y contó hasta diez y luego, al ver que no se calmaba, contó otra vez y otra vez. Llegó a contar un total de doce series de diez. Abrió los ojos lentamente, temiendo hacer algún movimiento brusco como si tuviera una bomba atada a su pecho. Su cuerpo estaba quieto y sus manos estaban secas.

Él no podía permitirse un error, no después de haber trabajado por más de tres años. Miró el artefacto en el suelo. Estaba casi terminado.

Nunca en su vida había seguido instrucciones de nada con tanto cuidado. Jamás se había dedicado a un proyecto por tanto tiempo y con tanta pasión.
Pero lo valía, si lo que decía el libro era cierto, todo valdría la pena.

            La verdadera máquina del tiempo” Decía el libro.
No sabía quién lo había escrito y no le importaba, lo único que él deseaba era que eso fuera algo real. Había juntado todas las piezas que el libro le indicaba, había ido a todos lados para encontrar los tornillos que el libro pedía con tanto detalle. Al principio, cuando el proyecto no era más que un montón de chunches regados en el piso de su habitación, él había sentido una fuerza, si se puede describir de esa manera. Una fuerza que lo rodeaba.

Ahora estaba casi—
            “¡Oh Dios!” su voz parecía venir de muy lejos. No más que un soplido.
Estaba completo.

Su corazón rebotaba en su pecho como una pelota de goma. ¿Funciona?
Presionó el botón.

No hubo efectos de sonido o de luz; no se abrió un portal frente a él sacando rayos y centellas. No tembló la tierra. No se deformó la realidad a su alrededor. Bien podría haber creado una increíblemente compleja lámpara de noche.

Él no lloró. No se llenó de rabia. No sintió nada. Tres años de su vida parecieron haberse ido por un hoyo.
            “O bueno”. Fue lo único que dijo y se levantó.
El artefacto en el suelo iba perdiendo su brillo mágico.
            Caminó cabizbajo hasta la sala. En ningún momento se fijó que el mueble en la entrada de su cuarto ya no lucía desteñido y carcomido por generaciones de polillas, ahora se veía firme y juvenil con el color azul brillante que él había visto tantas veces al irse a la escuela en las mañanas veinte diez años atrás.
Tampoco notó que las paredes ya no estaban peladas o que el piso ya no estaba resquebrajado como el suelo de un desierto. Las paredes habían sido recién pintadas y el piso recién trapeado.

No, el pobre hombre no se dio cuenta de nada. Ni siquiera que ahora su cabeza no sobrepasaba la altura de la mesa.

Alguien estaba afuera, buscando la llave correcta entre un llavero con más de cinco otras llaves para meterla en la cerradura.

            ¡Ya vine!”
Se detuvo a medio camino, notando finalmente que sus pies ya no estaban metidos en unos gastados mocasines sino en unos pequeños tenis adornados con la S de Superman.
Levantó la mirada y vio a la sonrojada mujer que se esforzaba por no dejar caer la pesada bolsa con la comida para el almuerzo.
            Sus ojos no pudieron estar más abiertos, ni su cara más blanca.
            “¡Qué pasó!”
El corrió hacia ella, dejando que su cuerpo de ocho años fuera envuelto por el vestido floreado de su madre. Dejando que sus fuertes brazos quemados por el sol lo sujetaran con sorpresa.
El aroma dulce del perfume de su madre fue lo que finalmente lo convenció de que eso era real. ¡Por favor, que sea real!

            “¿Estás bien? Mi vida, ¿qué pasa?” Su madre no sonaba aterrada o preocupada, sonaba cansada pero llena de ternura por su hijo. Su pequeño.
Él no la soltó. Se pegó a ella con fuerza y ella no pudo hacer nada. A ella le gustaba.

El libro no decía cuánto tiempo duraba el efecto, veinte minutos, tres días, veinte años tal vez. A él no le importaba. Él se quedaría ahí, abrazando a su madre, mirando la sonrisa que tantas veces había ignorado. Sintiendo el aroma de su perfume. Sintiendo el suave toque de sus manos.
No importaba el tiempo. Un minuto o veinte años. Él apreciaría el tiempo que alguna vez desperdició.
Claro, él no podría evitar que su madre fuera atacada por aquel cáncer que finalmente se la llevó. Pero eso no importaba, él estaría con ella esta vez.

No dejaría que el tiempo se le fuera de las manos.


¿Por qué escribo?

¿Por qué escribo?
¿Para quién escribo?
¿Hago esto por placer o porque quiero de alguna forma vender lo que escribo?

¿POR QUÉ?

Ha pasado algo más de un año desde que empecé a escribir, y me refiero a escribir. Antes de esto, lo único que hacía era copiar lo que los profesores dictaban en la escuela o pasar a mi cuaderno el texto que encontraba en internet para mis muchos proyectos de investigación. Eso era todo, no escribía lo que yo pensaba o entendía, escribía las ideas de otros.

Si dos años atrás alguien me hubiera preguntado “Hey, ¿cuántos libros has leído este mes?” yo hubiera dicho “Uuumm, no he leído ninguno” o “Eeeeee, ¿uno?” y eso habría sido mentira.
         Pero como si nada empecé a leer libros por mi cuenta. Todo empezó con Pet Sematary de Stephen King. Había visto la película y pensé que sería interesante (en ese entonces no tenía idea de quién era S.K) aun así me tomó casi tres meses en leer ese libro.
“¡Al fin!” pensé cuando leí la última línea. ¿Y qué hice después? Pues compré otro que me tomó dos meses leerlo y luego otro y otro. Todos dentro del género del terror.
Entonces decidí escribir un relato. No hubo una revelación en mis sueños o un haz de luz que me diera en la cara para decirme que debía escribir. Simplemente pensé que sería divertido escribir un relato (obviamente de terror) y ver qué decía la gente.

Y así escribí “El sueño” el 03/03/14 (¿En serio tienes que dar todos los detalles?) uh, creo.
Si aún no los he desesperado con tanta palabra (y si aún les interesa leer esto) continuaré.
Ese relato siempre será el primero. Y siempre lo recordaré como un relato plagado de faltas de ortografía y signos de puntuación perdidos en algún lado. No es que sea un experto en gramática ahora (no me sorprendería ver algún error cuando lea esto después de publicarlo) pero me alegra decir que he llegado a interesarme lo suficiente como para querer escribir adecuadamente.

Pueden leer este relato aquí:
(¡Hurra! Ahora haces publicidad para tus relatos. Algo desesperado, ¿no?)
Como sea, así seguí escribiendo y publicando; ya tengo 99 relatos y espero que el número 100 sea algo bueno (Pss, ¡a nadie le importa!)
         Por cierto, así es como hablo conmigo mismo. No se alarmen.

Pero sigue la pregunta “¿Por qué escribo?”
Cuando era niño me gustaba dibujar, era bastante bueno, y creí que al crecer crearía mi propia serie animada. Claro que nunca pasó (la escuela y el estrés de la adolescencia enterraron a todos esos personajes) así que me quedé sin nada. No tenía nada que yo pudiera decir que era mío. “¿Y tienes algún talento?” “Nope”
         Así que la escritura me ha devuelto eso. La idea de que mi vida no será sólo una rutina de trabajo y estudios. Dormir y comer. Puedo decir que hay algo en lo que (aquí es donde finjo modestia) soy algo bueno.

Claro que mi sueño es publicar algo algún día (Tengo una lista de los relatos que pondría en una colección de relatos cortos) una novela aún está algo lejos en el horizonte. Pero no hay nada como la emoción de hacer algo por tu cuenta (ya sea que algún día publique algo impreso o no) y saber que es tuyo y que nadie más lo pensó por ti.
         (Ugh, ¿qué es esto, algún tipo de discurso emotivo?)
Escribo para mí y para los que me leen. ¿Les gustará lo que escribo?
¿Y si no les gusta?
“Creo que cambiaré esto para que les guste más”
Esos pensamientos aún llegan. Existe el anhelo de encajar. De ser lo suficientemente bueno como para que te digan “Muy bien” y que te den una palmada en la cabeza como un perro que ha aprendido a sentarse.
Pero también he aprendido que si me gusta lo que he escrito tal vez le gustará a alguien más. (Después de todo, alguien leyó 50 Shades of Gray y pensó en recomendarlo).
Stephen King dijo (lo cito a él porque no he leído muchos más autores) que él no escribe por fama o dinero sino porque lo disfruta.
Yo lo disfruto pero ¿me interesa más la fama que ganaría si algún día llego a ser popular? Siendo honesto (Ja, ahora quieres dejar de fingir modestia, ¿no?) la idea de ser famoso es bastante atractiva.
Es como decir “Yo ayudo a los pobres porque me gusta” ¿Sólo por eso? ¿O existe alguna razón?
Creo que a todos nos gusta sentirnos “especiales”. No me malinterpreten, sé que hay gente buena que lo hace por la simple gana de hacer el bien, pero creo que muy dentro de nuestro cerebro hay una pequeña voz diciendo: “Sí, muy bien, eres especial. Eres un ser muy bueno, esto te hace mejor que otros ¡Eres grandioso!”
Y eso está bien en un pequeño grado, mientras esa no sea la única voz que escuches.
(Kanye West)

En fin. Ya que creo que si sigo escribiendo me perderé en mi propia cabeza, terminaré con esto:

Escribo porque me gusta y sé que puedo llegar a ser bastante bueno, porque no quiero ser sólo una masa que trabaja para ganar dinero y tener cosas. Escribo porque así puedo decir “Mi vida es interesante porque hago esto”

Escribo para mí y para los que me leen. Para mí porque me gusta el terror y no hay nada mejor que asustarse a uno mismo. Para ustedes porque si voy a pedirles que lean algo que yo escribí, al menos me aseguraré de que sea algo que puedan disfrutar.
¿Llevarías a un ciego al cine sólo porque hay una película que te gusta? Verdad que no.

Y escribo porque lo disfruto. La fama y el dinero (aquí tal vez finja algo de modestia, no lo sé) no son tan importantes si no eres capaz de hacer algo con corazón (Aaagh, ¡termina ya! Esto se está poniendo demasiado mieloso)

Así que, seguiré escribiendo.
Tal vez haya una brillante luz al final del túnel por el que ahora camino, o tal vez no. Tal vez no hay nada para mí al final.
Pase lo que pase, no me quedaré a medio camino.


Cuando cae la lluvia



Todas las puertas estaban bien cerradas, eso era obvio, aun así, en su desesperación trataba de abrirlas girando las perillas con violencia.
Nada.

La presión en su pecho aumentaba cada segundo como si una navaja colgara en medio de su corazón.

         “¡Por favor!” gritaba viendo hacia las ventanas. Los cristales eran opacos pero él bien sabía que los moradores de esas casas lo estaban observando. Nadie haría nada.

Corrió torpemente hacia otra casa e hizo lo mismo; giró la perilla en todas direcciones, somató la puerta con la fuerza que aún fluía por sus músculos, vio hacia las ventanas y luego simplemente dio pasos tambaleantes hacia atrás en medio de la calle. Sus ojos estaban apuntaban al cielo que se nublaba más y más.
Enormes nubes negras parecían tragarse todo como si fueran deidades de otra dimensión.

         “Por…fa-fa-voooor”
Cayó de rodillas sintiendo como las pequeñas piedras se incrustaban en sus rodillas. Miró una vez más a las ventanas y en su mente eran los ojos indiferentes de bestias de piedra y madera.
         Una gota de agua cayó en su frente y rodó lentamente por su mejilla.

         “¿Por qué no podemos ayudarlo?” preguntó el pequeño de cabello rojizo parado junto a su anciano padre.

         “Porque él rompió las reglas”
         “Pero, podríamos ayudarlo de todas formas, ¿no es así?”
         “No, si lo ayudamos entonces nosotros moriremos con él, y eso no haría ninguna diferencia para él al final, ¿no es así?”

El pequeño no dijo nada, él no quería estar viendo por la ventana mientras la lluvia arreciaba. Odiaba esas nubes negras, siempre parecían moverse a voluntad y cuando las veía directamente casi podía ver rostros en ellas. Rostros completamente desquiciados.

La lluvia se detuvo media hora después de que aquel hombre dejara por fin de gritar.
Pedazos de sus ropas yacían empapados en medio de la calle, carcomidos por pequeñas bocas. Cientos sino miles de pequeñas bocas con dientes afilados.

Las nubes se alejaron, satisfechas con el sacrificio. Nadie salió por un buen tiempo, no hasta que estuvieron seguros que las calles estaban secas.

Nadie quería salir y pisar un charco de esa agua, por más pequeño que fuera, porque había cosas en esa ella. Miles de cosas con dientes filosos y ¡Oh siempre sedientas de sangre!