miércoles, 29 de abril de 2015

La carta de Mr. Mercedes


Querido Detective Hodges,

Espero que no le importe que use su título, y es que aunque usted ha estado retirado por 6 meses, siento que si jueces incompetentes, políticos venales, y estúpidos comandantes militares pueden mantener sus títulos después de retirarse, debería ser igual para uno de los más condecorados oficiales de policía en la historia de la ciudad.
    ¡Entonces Detective Hodges será!
    Señor (otro título que merece ya que usted es un verdadero Caballero de la Placa y Pistola), escribo por muchas razones, pero primero debo empezar felicitándolo por sus años de servicio, 27 como detective y 40 en total. Vi algunas de las Ceremonias de retiro en TV (Canal 2 de acceso público, un recurso que muchos pasan por alto) y pasa que sé que hubo una fiesta en el Raintree Inn a las afueras del aeropuerto la noche siguiente.
    ¡Apuesto a que esa fue la verdadera Ceremonia de retiro!
    Ciertamente nunca he atendido tal "parranda", pero miro muchos programas policíacos en televisión, y mientras estoy seguro de que muchos de ellos presentan una imagen muy ficticia de "el montón de policías", muchos han mostrado tales fiestas de retiro (NYPD Blue, Homicide, The Wire, etc, etc.), y me gusta pensar que son PRECISOS retratos de como los Caballeros de la Placa y Pistola le dicen "hasta pronto" a uno de sus compatriotas. Yo creo que lo son, porque yo también he leído "escenas de fiestas de retiro" en al menos dos libros de Joseph Wambaugh, y son similares. Él debería saberlo porque él, al igual que usted, es un "Det. Ret".
    Imagino globos colgando en el techo, montones de bebidas, montones de conversaciones obscenas y muchas anécdotas acerca de los Viejos Tiempos y Viejos Casos. Hay probablemente bastante música ruidosa y alegre, y posiblemente una estriper o dos "meneando sus colitas". Hay probablemente discursos que son mucho más divertidos y mucho más sinceros que los que se dan en la "ceremonia de camisas metidas".
    ¿Cómo lo estoy haciendo?

De acuerdo con mi investigación, durante su tiempo como detective, usted resolvió literalmente cientos de casos, muchos de los cuales la prensa (a quienes Ted William llamó los Caballeros del Teclado) denomina " de alto perfil". Usted ha atrapado asesinos, pandillas de asaltantes, pirómanos y violadores. En un articulo (publicado para coincidir con su ceremonia de retiro), su compañero de toda la vida (Det. de primer grado Peter Huntley) lo describió como una combinación de por-el-libro y brillantemente intuitivo.
    ¡Un gran cumplido!
    Si es verdad, y yo creo que lo es, usted ya se habrá dado cuenta que yo soy uno de los pocos que usted no atrapó. Yo soy, de hecho, el hombre que la prensa decidió llamar
    a) El guasón
    b) El payaso, o
    c) El asesino Mercedes.
    ¡Yo prefiero el último!
    Estoy seguro de que usted le dio "su mejor intento", pero tristemente (para usted, no para mí), falló. Imagino que si alguna vez hubo un "gaje" que usted quiso atrapar, Detective Hodges, fue el hombre que deliberadamente condujo sobre la multitud en la Feria de Trabajo en City Center el año pasado, matando a ocho e hiriendo a tantos más. (Debo decir que excedí mis más salvajes expectativas.) ¿Estuve en su mente cuando le dieron la placa en la Ceremonia Oficial de Retiro? ¿Estuve en su mente cuando sus compañeros Caballeros de la Placa y Pistola le estaban contando historias acerca de (sólo estoy adivinando aquí) criminales que fueron atrapados con sus pantalones en realidad abajo o divertidas bromas prácticas que fueron hechas en la vieja sala del pelotón?
    ¡Apuesto a que sí estaba!
    Debo decirle cuan divertido fue. (Estoy siendo honesto aquí.) Cuando le puse "el pie al acelerador" y conduje el Mercedes la pobre Señora Olivia Trelawney sobre ese montón de gente, ¡tuve una de las más grandes "paradas" de mi vida!
¿Y mi corazón estaba latiendo 200 por minuto? "¡Déjeme decirle!"

Le diré algo que es verdad "fuera de récord"; y si usted quiere reírse, adelante, porque es un poco divertido (aunque también demuestra cuan cuidadoso fui). ¡Yo estaba usando un condón! ¡Un "caucho!"
Porque tenía miedo de Eyaculación Espontánea, ¡y del ADN que podría resultar!. Bueno, eso no pasó, pero me he masturbado muchas veces desde entonces mientras pienso en como ellos trataron de escapar y no pudieron (ellos estaban empaquetados como sardinas), y cuan asustados lucían (eso fue tan divertido), y la forma en que me sacudí hacia adelante cuando el auto se "desplomó" sobre ellos. El cinturón tan duro y ajustado. Cielos, eso estuvo emocionante.
    A decir verdad, no sabía que podría pasar.
Pensé que las probabilidades eran 50-50 de que me atraparían. Pero soy un "optimista ridículo"; y me preparo para el éxito en lugar del fracaso. El condón está "fuera de récord" pero apuesto que su Departamento Forense (también veo CSI) estaba bastante decepcionado cuando no pudieron obtener ningún ADN de adentro de la máscara de payaso. Ellos debieron haber dicho, "¡Carajo! ¡Ese astuto gaje debió haber estado usado una red de cabello debajo!"
    ¡Y de hecho sí! también la lavé con ¡CLORO!
    Aún revivo los golpes que resultaron por golpearlos, y los sonidos crujientes, y la forma en que el auto rebotó sobre sus muelles cuando pasó sobre los cuerpos.
Por poder y control, deme un Mercedes de 12 cilindros ¡cada vez! Cuando vi en los periódicos que una bebé fue una de mis víctimas , ¡yo estaba deleitado! ¡Quitarle la vida a tan corta edad! Piense en todo lo que se perdió ¿eh? Patricia Cray, ¡RIP! ¡También me llevé a la mamá! ¡Jalea de fresa en una bolsa de dormir! Que emoción, ¿eh? También disfruto pensando en el hombre que perdió su brazo y más aún en los dos que están paralizados. El hombre solo de la cintura para abajo, pero Martine Stover es ahora prácticamente lo que ustedes llaman "¡cabeza en un palo!" Ellos no murieron pero probablemente DESEARÍAN que sí.
¿Qué tal eso, Detective Hodges?
    Ahora usted probablemente está pensando "¿Qué clase de pervertido enfermo y retorcido tenemos aquí? No puedo culparlo realmente, ¡pero podríamos discutir acerca de eso! Creo que mucha gente disfrutaría hacer lo que yo hice , y es por eso que disfrutan libros y películas (e incluso series de televisión estos días) que muestran tortura y desmembramiento, etc, etc, etc. La única diferencia es que YO REALMENTE LO HICE.
No porque esté loco (en ningún sentido de la palabra). Simplemente porque no sabía exactamente cómo sería la experiencia, sólo que sería totalmente emocionante, con "memorias que durarían toda la vida", como dicen.
La mayoría de la gente está equipada con Botas de plomo cuando son pequeños niños y deben usarlas toda su vida. Estas Botas de Plomo son llamadas CONCIENCIA. Yo no tengo ninguna, así que puedo pasar por muy arriba de las cabezas de La Gente Normal. ¿Y si ellos me hubieran atrapado? Bueno, si hubiera sido justo ahí, si el Mercedes de la señora Trelawney se hubiera atascado o algo (las posibilidades eran pequeñas puesto que parecía bastante bien mantenido), supongo que la multitud me hubiera hecho pedazos, entendí esa posibilidad mientras lo hacía, y eso se añadió a la emoción. Pero no creí que ellos realmente lo harían, porque la mayoría de las personas son ovejas y las ovejas no comen carne. (Supongo que hubiera sido golpeado un poco, pero yo puedo soportar una golpiza.) Probablemente hubiera sido arrestado e ido a juicio, donde yo hubiera declarado locura. Tal vez incluso estoy loco (la idea ciertamente ha cruzado mi mente), pero es una clase peculiar de locura. Como sea, la moneda cayó cara y yo me escapé-

¡La niebla ayudó!

Ahora, aquí hay algo más que vi, esta vez en una película. (No recuerdo el nombre.) Había un asesino serial que era muy astuto y al principio los policías (uno era Bruce Willis, atrás cuando aun tenía algo de cabello) no podían atraparlo. Entonces Bruce Willis dijo, "Él lo hará de nuevo porque no puede controlarse y tarde o temprano él se equivocará y nosotros lo atraparemos"

¡Lo cual hicieron!

Eso no es verdad en mi caso, Detective Hodges, porque yo no tengo absolutamente ninguna urgencia en hacerlo de nuevo. En mi caso, una vez fue suficiente. Tengo mis memorias, y ellas son tan claras como el agua. Y claro, está el hecho de cuan aterrada estaba la gente después, porque estaban seguros de que yo lo haría otra vez. ¿Recuerda las reuniones públicas que fueron canceladas? Eso no fue tan divertido, pero fue "tres amusant."

Entonces ya ve, ambos estamos "Ret."

Hablando de eso, mi único arrepentimiento es que no pude atender su Fiesta de Retiro en el Raintree Inn y brindar por usted, mi buen Señor Detective. Usted absolutamente le dio su mejor intento. El Detective Huntley también, por supuesto, pero si los reportes en los periódicos e Internet sobre sus respectivas carreras son correctos, usted era de la Liga Mayor y él era y siempre será de la Triple A. Estoy seguro de que el caso está aún en el Archivo Activo, y que él toma esos viejos reportes de vez en cuando para estudiarlos, pero él no va a llegar a ningún lado. Pienso que ambos sabemos eso.
    ¿Puedo terminar con una Nota de Preocupación?
    En algunos de esos programas de televisión (y también en uno de los libros de Wambaugh, creo, pero podría haber sido uno de James Patterson), la gran fiesta con los globos y los tragos y la música es seguida por una triste escena final.
El Detective va a casa y descubre que sin su Pistola y Placa, su vida no tiene sentido. Lo cual yo puedo entender. Si lo piensa, ¿qué es más triste que un Viejo Caballero Retirado? como sea, el Detective finalmente se dispara a sí mismo (con su Revolver de Servicio). Miré en Internet y descubrí que este tipo de cosas no es sólo ficción. ¡Realmente pasa!
    ¡Policías retirados tienen una tasa extremadamente alta de suicidios!
    En muchos casos, los policías que hacen este acto tan triste no tienen familiares cercanos que puedan ver las Señales de Advertencia. Muchos, como usted, son divorciados. Muchos tienen hijos adultos viviendo muy lejos de casa. Pienso en usted, solo en su casa en Harper Road, Detective Hodges, y me preocupo. ¿Qué clase de vida tiene usted, ahora que la "Emoción de la cacería" es cosa del pasado? ¿Está usted viendo mucha televisión? Probablemente. ¿Está usted bebiendo mucho más? Posiblemente. ¿Las horas pasan más lentamente porque su vida está ahora tan vacía? ¿Está usted sufriendo de Insomnio?
Cielos, espero que no.
    ¡Pero me atemoriza que ese sea el caso!
    Usted probablemente necesita un pasatiempo, así tendrá algo más en que pensar que en "el que se escapó" y de como usted nunca me atrapará. Sería muy malo que usted empezara a pensar que su carrera entera fue una pérdida de tiempo porque el sujeto que mató a toda esa gente inocente se escapó "de entre sus dedos".
    Yo no quisiera que usted empezara a pensar en su arma.
    Pero usted está pensando en ella, ¿cierto?
    Me gustaría cerrar esto con un último pensamiento del "que se escapó". Ese pensamiento es:
 JÓDASE, PERDEDOR.
 ¡Sólo bromeo!
Sinceramente suyo,
EL ASESINO MERCEDES


¡PD! Lamento lo de la Señora Trelawney, pero cuando usted le de esta cara al Det. Huntley, dígale que no se moleste en ver a ninguna de las fotos que estoy seguro la policía tomó en su funeral. Atendí, pero sólo en mi imaginación. (Mi imaginación es muy poderosa.)
    PPD: ¿Quiere seguir en contacto conmigo? ¿Darme su "opinión"? Pruebe Bajo el Paraguas Azul de Debbie. Incluso le tengo su usuario: "Kermitfrog19". Puede que no conteste, pero "hey, uno nunca sabe".

    PPPD: ¡Espero que esta carta lo haya animado!

domingo, 26 de abril de 2015

Tres días después...


¡Debí haber venido antes! ¡Oh Dios!
Esto...esto...no. No es real. ¡ME CONDENO POR MI ESTUPIDEZ!

Oh mi amor, lo lamento tanto. Debí haberte escuchado cuando venías a mis sueños y extendías la mano pidiendo auxilio. ¡¿Pero cómo iba yo a saber?!
Debí entender lo que querías decirme, pero yo, yo me sentía tan triste que creí que era sólo una forma de castigarme por no haber estado contigo en tus últimos momentos. Debí haber estado ahí para decirte adiós, para besarte y cerrar tus ojos para siempre.

¡Oh Dios, ¿por qué me has hecho esto?!
Primero trajiste a esta hermosa mujer a mi vida para que llenara mis días de la más pura alegría y luego le lanzaste tan cruel enfermedad que la consumió como el fuego consume las delicadas flores de un bosque. Y ahora, cuando creí que podía seguir sin ella. ¡Oh Dios!

Amada mía, lo-lo lamento, perdón. ¡Perdóname!
Debí haberte seguido, debí haber tomado tu mano cuando me pedías auxilio en mis sueños. Ojalá hubiera entendido que todos nos habíamos equivocado, que los doctores estaban mal, que tú...¡Jesús!...que tú no estabas muerta. ¡MI AMADA NO ESTABA MUERTA!

Ahora de qué sirve que estoy aquí, en este oscuro cementerio con mi ropa empapada de sudor y manchadas de tierra. ¿De qué? de qué me sirve estar aquí contigo mi amor, sosteniéndote en mis débiles brazos como el día de nuestra boda.
Esa pala y ese ataúd abierto. Esos rasguños en la madera, las marcas de uñas que trataron de quebrar la dura madera de ese ataúd tan fino que te compré y que al final fallaron ¡Oh Dios, sólo puedo imaginar la desesperación con la que gritabas y rasgabas ese maldito cajón hasta que tus uñas se cayeron!. ¿De qué me sirve estar aquí ahora? Si no escuché tus gritos, si no hice caso a los horribles sueños que tuve desde la primera hora en que cerré mis ojos después de tu funeral.
Mi amada. Mi vida entera era tuya y te fallé. Debí haberte escuchado desde esa primera aparición en mis sueños. ¡Estábamos equivocados!

¿De qué me sirve haber venido esta noche, tres días después de tu funeral, para finalmente saber qué querías decirme?

¡Mi amada no estaba muerta!

Pero eso ya no importa...de nada me sirve pensar. Ahora estás muerta.

Sordera


Como en muchas otras noches, él había dormido tranquilamente como un bebé. Sus sueños habían sido, en todo caso, normales, sin pesadillas ni nada que pudiera reflejar que él tenía cosas que ocultar o por las que temer...excepto...excepto que él sí tenía cosas que ocultar (varias) y por las que tenía que pagar.

Abrió sus ojos y vio como la luz trataba de entrar por su ventana cubierta por unas cortinas que alguna vez habían sido celestes y que ahora parecían del tipo de cosas que verías en una casa abandonada.
Estiró sus brazos sintiendo una terrible resaca sobre su cabeza (la botella de whisky barato   aun goteaba en el suelo) y sintiendo un pesado cansancio sobre su cuerpo que sólo es producido por un arduo trabajo. Y sí que había trabajado la noche anterior.

Él se quedó sentado sobre su mugriento y maloliente colchón por un buen rato, esperando a que las náuseas y la jaqueca se calmaran un poco. El piso de su habitación estaba cubierto por docenas de hojas de periódicos, algunos con fechas de más de siete años atrás, en todas ellas se podía leer con letras grandes y negras: SE BUSCA y AYÚDENNOS POR FAVOR. Abajo de todos esos anunciados se veían las fotos de docenas de hermosas jovencitas, todas ellas sonriendo. Todas ellas habían salido de su casa, trabajo u escuela un día y jamás habían vuelto.
Muchas personas suelen mostrar su orgullo al haber ganado algo colgando sus medallas y mostrando sus relucientes trofeos en estantes donde todo el mundo pueda verlos. Aquel hombre nunca habría ganado nada ni recibido ningún premio por un logro que todo el mundo quisiera admirar (ni siquiera había pasado tercero primaria) aún así, cada vez que miraba esas hojas regadas con las fotografías en blanco y negro de esas sonrientes princesas, se sentía orgulloso. Esos padres pagarían miles por alguien que les dijera en dónde están sus hijas. Pero ellos nunca recibirían ni una llamada que les dijera si ellas estaban vivas o muertas. Jamás tendrían una tumba en la que llorar por sus princesas.

Se levantó lentamente y sintiendo cada una de sus articulaciones crujir. Se sacudió la tierra que aún tenía pegada a su camisa y pantalón y caminó lentamente hacia el baño.
El baño era un lugar aún más sucio que su habitación; el escusado había estado tapado por años y el lavamanos, que alguna vez había sido blanco, estaba cubierto por parches de moho verde oscuro. Una cubeta de agua (robada a sus vecinos) yacía en el suelo, cucarachas y otros insectos se habían ahogado en ella y ahora flotaban sobre la superficie. Las sacó como si nada y con esa misma agua se lavó la cara.

Se miró al espejo y vio los rasguños en su cara, los rasguños eran profundos y probablemente dejarían cicatrices, pero eso estaba bien, ella había peleado como ninguna otra, pero eso ya no importaba ¿cierto?. Él sonrió estirando aun más sus labios agrietados y se inclinó para tomar más agua entre sus manos. Ahí se dio cuenta de que algo andaba mal.

La mañana había sido increíblemente tranquila desde el momento en que abrió los ojos; ni un solo auto había bocinado a lo lejos, las aves no le cantaban a Dios (como su abuela solía decir) y no había escuchado el crujiente sonido de sus pies pasando sobre los periódicos.
Pero ahora, mientras observaba el agua que se colaba entre sus dedos, supo que algo no estaba bien. Metió sus manos en la cubeta y agitó el agua violentamente, el agua sí se agitaba y caía al suelo, pero en todas esas veces que lo hizo no pudo escuchar absolutamente nada. "¿Qué carajos?" pensó. Una extraña sensación subía por su cuello, algo que él no había sentido hace mucho tiempo.
Se metió el meñique en ambos oídos y todo estaba bien, entonces tomó la cubeta y la arrojó con fuerza al suelo. La cubeta rebotó y casi le da en el pie, y al igual que con el agua, no hubo sonido alguno. Esto lo hizo enfurecer.

Salió del baño y se dirigió a la cocina, sus brazos se agitaban ligeramente como los ademanes de un hombre nervioso, de la cocina tomó un par de oxidados sartenes y los chocó entre sí. El sonido habría sido horrible, aún peor debido a su creciente jaqueca, pero a pesar de sentir la fuerte vibración de los sartenes en sus manos, no hubo nada. Todo seguía estando en completo silencio. Él gritó hasta que su cara se sentía caliente, lanzó cubiertos, vasos y sillas por toda la casa. Y no escuchó nada. Era lo mismo que ver una película de acción y bajarle todo el volumen.

Una persona normal habría ido al hospital en ese instante, pero él no era alguien normal, él era un fenómeno que sólo salía en las noches más oscuras o en los días más nublados, él se arrastraba entre la basura dejada por otros, buscando sustento. No, él no podía ir al hospital. Él no podía salir, no ahora que había otra joven perdida.

Se jaló el cabello en su desesperación y su cabeza parecía palpitar. Caminó de vuelta a su habitación y se sentó de nuevo en el colchón, tomó la botella de whisky y la lanzó al techo. Los trozos de vidrio cayeron como granito gigante sobre los periódicos. Nada aún. Jaló su cabello una vez más hasta arrancar grandes mechones desde la raíz, el dolor y la punzante desesperación lo hicieron vomitar finalmente.
Ahora tenía miedo, sentía que su cerebro hervía, sentía que alguien lo había vapuleado con un enorme fierro la noche anterior, su garganta le ardía por todos los gritos y ahora tenía el agrio sabor a vómito en su boca. Se acurrucó como un perro en su colchón evitando el charco de porquería sobre su almohada y cerró los ojos.

El sueño, por suerte, llegó rápido y lo hundió en lo más profundo. El día pasó rápidamente fuera de su ventana y las pocas personas que se habían alertado por los fuertes ruidos que salían de esa sucia choza regresaron a sus quehaceres rutinarios. Poco a poco el sol se fue del otro lado del mundo, dejando que la luna se encargara. Dejando que la noche trajera sus fantasmas.

Él yacía en la misma posición en la que se había quedado horas atrás, su mano se había quedado debajo de su cabeza y ahora estaba entumecida como la mano de un muerto. Algo no lo dejaba dormir. Intentó ahuyentar al maldito con su otra mano y no funcionó, pensó (aún metido en su sueño) en tomar la colcha pero recordó que esta se había manchado de vómito al igual que su almohada. El maldito mosquito seguía zumbando en su oído e interrumpiendo su descanso, interrumpiendo su-
 "¡Mosquito!"
Se sentó de manera brusca pero con una cálida sensación en su pecho. El zumbido era claro y aunque no podía ver al bicho en su oscura habitación, él sabía que estaba ahí. Su jaqueca se había ido al igual que la irritación en su garganta. De hecho, él se sentía muy bien. El zumbido estaba aumentando.

Para cuando buscó la vieja lámpara de gas que usaba para tener suficiente luz y no llamar la atención de nadie, su cabeza se había llenado de toda clase de sonidos: los ladridos de un perro, el canto de los grillos, el croar de varios sapos y el claro, el zumbido de los mosquitos. Al principio estos sonidos lo llenaron de alivio, ¡podía escuchar de nuevo! pero entre más se oscura se hacía la noche, más se daba cuenta de que los sonidos parecían repetirse, era como tener una grabadora en su cabeza y la cinta se reiniciaba una y otra y otra vez. Algo andaba muy mal otra vez.

Intentó calmarse yendo al baño y buscando repetir su experimento con la cubeta, pero entonces escuchó algo que lo dejó frío y pegado al suelo. Era el llanto de una niña.
No fue el repentino sonido del llanto lo que lo aterró hasta los huesos sino que fue lo familiar de ese llanto. ¿Un Déjà vu? eso no era posible, así no es como funcionan. El llanto seguía aumentando y en pocos minutos lo acompañaban unos suaves susurros. ¿Alguien está rezando?
Tomó la lámpara enfocó la luz a los rincones de la habitación. El llanto y los susurros estaban cerca pero no había nadie. Por supuesto que no.

"Usted..."
Dando un gemido, él dio unos pasos atrás. La voz venía del oscuro corredor.
En su cabeza la grabación de los mosquitos, perros, grillos y sapos había empezado otra vez, pero ahora alguien había subido el volumen hasta el tope.
"¡¿Quién está a-a-ahí?!"
"...Usted..." dijo otra voz que parecía estar detrás de él.
Giró y su lámpara sólo iluminó la mugrienta pared.

"...Usted..." dijo otra voz y el llanto de aquella niña fantasmal pareció estar de acuerdo con ella. Los rezos se hacían más y más fuertes.

"¡Largo! ¡Fuera de aquí!" Él gritaba pero sus palabras sólo rebotaban dentro de su cabeza. La sordera nunca se había ido, lo que él escuchaba era...era ¡¿Qué?!
La lámpara se resbaló de su temblorosa mano (la otra seguía fría y entumecida) y los bellos rostros en el suelo se iluminaron. "¡Oh Cielo Santo!"
Todas aquellas hermosas jovencitas habían cambiado sus eternas sonrisas y miradas por unas muecas retorcidas y llenas de pena. "No, no, no, esto no está pasando" intentó cerrar sus ojos inútilmente como si esperara despertar. Los perros ladraban rabiosos.

"...Usted..."
"No"
"...Usted..."
"N-N-No"
"¡DÍGALO!"
"¡NOO!"

Tomó la lámpara del suelo evitando ver los deformes rostros de sus preciadas princesas. Los rasguños en su rostro empezaron a arder como lo hicieron la primera vez cuando ella aún respiraba y trataba de escapar de aquel monstruo que la había tomado por la fuerza en medio de la oscuridad. ¿Cuántos años tenía? ¿Catorce? ¿Quince? era una de las más jóvenes. Había peleado como ninguna y cuando cayó al suelo muerta por las heridas de su cuchillo él la vio y se sintió nervioso. La enterró junto con las otras en aquel olvidado pedazo de tierra y monte y se había ido a casa. Nadie los había escuchado o visto, pero él se sentía mal. Sabía que algo iba a salir mal.
Y ahora, mientras corría a la cocina, lo supo.
Las voces y todos esos molestos sonidos se mezclaban en su cabeza sin piedad. Él revolvía todo en la cocina sin poder encontrar lo que quería. Le gritaba a las voces que se callaran, pero él no podía escuchar su voz tampoco podía escuchar el sonido de los cubiertos y trastos sucios siendo revueltos en su búsqueda. Cuando finalmente encontró lo que buscaba, sonrió brevemente y corrió hacia la puerta, hacia la noche.

Cualquiera que lo hubiera visto deambular por aquellas calles hubiera pensado que estaba ebrio o que tenía algún problema mental. Él se tambaleaba de un lado a otro, desorientado pues lo único que oía era la marcha de voces y lamentos tras de él. Miraba a todos lados y sólo veía la oscuridad de la noche, veía como las hojas de los árboles se movían con la brisa pero sus oídos sólo captaban los ladridos de los perros, el zumbido de los mosquitos, los asquerosos sapos croando y los grillos en un monte lejano. Ellas venían tras de él. No sabía a dónde iba, no podía ubicarse pero no podía detenerse. No señor.

La gente que había estado reunida en el parque desde las tres de la tarde no entendió a un principio lo que pasaba. Habían estado discutiendo sobre todas las tragedias que aplacaban a las muchas familias del pueblo y de que debían cuidarse del demonio que se estaba llevando a sus jovencitas.
Una de las ancianas rezaba por el alma de todas aquellas pobres princesas cuando aquel mugriento hombre salió gritando de entre los arbustos.
-Yo-Yo-¡Yo!-decía el desquiciado sujeto mientras golpeaba su oreja izquierda con una pesada roca y la oreja ahora estaba deforme y completamente ensangrentada, la multitud lo vio asombrada, pocos lo habían visto alguna vez pero casi nadie había sabido de su existencia.

-¿Qué le pasa?-dijo una mujer de cabello canoso que había vestido de negro desde que su pequeña se esfumó hacía tres semanas.

-¡Ayúdenlo!-dijo uno de los hombres.

-¡Yo!-gritó el decrépito hombre mientras levantaba el enorme cuchillo al cielo. La gente retrocedió aterrada. El cuchillo brillaba bajo la luz de la luna, era el mismo cuchillo que lo había acompañado en todas sus "aventuras", el mismo que había acabado con los últimos alientos de todas ellas. Ahora el cuchillo tenía sed y ellas querían venganza.

"¡DÍGALO DÍGALO DÍGALO DÍGALOOOOOO!" 
-¡Oh Jesús!-gritó otra mujer vestida de negro.

-¡YO..."
"¡DÍGALOOOOOOOOOOOO!" el chillido de todas esas almas unidas finalmente lo quebraron.

-¡YO LAS MATÉ A TODAS, SÍ, YOOO, JAJAJAJA, A CADA UNA DE ELLAS, LAS MATÉ Y LAS ENTERRÉ EN EN EL VIEJO CAMPO DE MILPA, LAS MATÉ Y LO DIGO AHORA ASÍ QUE DÉJENME EN PAZ MALDITA SEA!-la sordera se había ido al fin, en él pudo escuchar cada una de sus palabras, escuchó como la gente suspiraba aterrada ante tal confesión. Él escuchó todo y entendió finalmente cuán condenado estaba.

El cuchillo bajó y en un instante cortó su garganta a la mitad sin ningún esfuerzo. La sangre brotó y brotó sin piedad. La gente estaba en silencio observando con una perturbadora fascinación como aquel hombre se desangraba frente a ellos. El hombre miraba al cielo y en sus ojos estaba tendida la clara y horrible máscara de la locura. Aquel hombre sonreía no por placer sino porque no tenía otra forma de expresar su inmenso sufrimiento.
Cuando la sangre dejó de salir de la enorme cortada en su cuello, él cayó de cara sobre el espeso charco de sangre. La gente lo seguía viendo con ojos quietos y vacíos. Bien podrían haber visto a un perro morir en lugar de un hombre. Todo había acabado.


                                                *********************

El cuerpo fue removido y la sangre fue limpiada como si se tratara de un trabajo común como recoger basura o secar una mancha de refresco. La gente no entendía muy bien lo que había pasado, un hombre murió frente a ellos y ellos sentían que había sido lo mismo que ver a un animal rabioso siendo ejecutado.
El viejo campo de milpa se convirtió en un lugar famoso por la cantidad de cadáveres que estaban enterrados bajo su árido suelo. La gente estaba en paz (al menos eso querían pensar) y nadie habló de aquel hombre a quien habían tirado en una fosa.

Algo que todos compartían y que nadie discutía con nadie fue el hecho de que todos ellos habían escuchado a unos perros ladrando a lo lejos, más allá de los límites del pueblo.
Y cada uno de esos fantasmales perros se cayó cuando aquel hombre estaba de cara sobre su propia sangre. Nadie dijo nada y nadie quiso pensar más en eso.

La anciana que rezaba todas las noches para que todas esas almas inocentes hallaran su camino al cielo pensaba: "La conciencia de aquel hombre lo llevó a la locura que bien podría considerarse como el infierno. Y si la locura puede ser el infierno entonces creo que la conciencia puede ser el Diablo"

viernes, 24 de abril de 2015

El puente de los lamentos


¿Por qué carajos está tan feliz?
¿Acaso no se da cuenta que está a punto de morir?
Siempre pensé que era un idiota, pero jamás creí que aun en los últimos momentos de su vida tendría esa estúpida sonrisa en su rostro. ¿Por qué? ¿¡Qué le pasa!?


Mi esposa me dijo que él se quedaría unos días con nosotros mientras ella encontraba un nuevo lugar en donde pudieran hacerse cargo de él apropiadamente, a pesar de que nosotros (y con nosotros me refiero a ella solamente) queríamos cuidarlo, sus necesidades iban más allá de nuestros alcances. Nuestros trabajos no nos lo permitían, por eso ni siquiera habíamos planeado en tener hijos.
Eso fue hace un año ya.

Probablemente yo quede como un bastardo ante ustedes, pero la verdad es que, lo soy. ¿Eso me hace una mala persona? tal vez sí. Pero saben qué, no me arrepiento. Siempre tuve esa especie de "aberración" hacia las personas. Siempre me sentí incómodo estando rodeado de gente. Mi esposa es una clara excepción claro, ella es algo que ni yo puedo entender y todo iba bien hasta que él vino. Él se convirtió en el hijo que no necesitábamos (y que yo no quería). Ella pasaba casi todo el tiempo cuidándolo, dándole de comer y cambiándolo, al principio me parecía gracioso, pero entre más alejado me sentía de mi amada, más crecía el odio hacia él. Sé que no es su culpa, eso me hizo sentir un poco culpable al principio cuando empecé a planear su muerte, pero ahora creo que es lo mejor.
¿Saben por qué? porque mi amada está muy enferma, ella no quiere aceptar que él es una carga aún más grande ahora, pero es obvio. Si ustedes vieran su rostro pálido y demacrado se darían cuenta de que ella está muriendo lentamente y él claro, no ayuda en nada.

Debido a todos los gastos de medicina y hospital de mi esposa, ya no podemos esperar pagar un buen lugar para él.
Hace unas semanas intenté dejarlo perdido en un pueblo aledaño como un perro. ¿Y saben qué hizo? el maldito buscó a la policía y les dijo donde vivíamos. ¡JAJAJAJAJA! el día que vi a la policía frente a mi puerta con él en medio (él siempre con esa estúpida sonrisa) casi me cago. Ellos creyeron que él simplemente se había perdido y yo (usando mis mejores métodos de actuación) les dije que lo había estado buscando. En fin, les agradecí por todo y entré al bebé grande a nuestra casa. Ahí fue cuando finalmente me decidí a matarlo. Era lo mejor para todos.

Pensé en envenenarlo, pero la idea de ver sus ojos desorbitándose mientras salía espuma de su boca fue demasiado grotesca para mi gusto.
Entonces, cuando llevaba a mi amada a una de sus muchas revisiones médicas, vi lo que los amantes de lo paranormal llaman "El puente de los lamentos"; según dicen, cuando alguien con algún problema pasa por ese puente, aun si nunca había pensado en el suicidio, decide lanzarse al vacío. Así nada más. Era perfecto.

Dejé a mi esposa y lo llevé a un bar cercano, ahí lo llené de alcohol. Eso fue fácil. Entonces empecé a hablarle.
-Hey, sabes que tu hermana está muy mal ¿cierto?
-Uh si, pero ella estará bien, un ángel me lo dijo en un sueño- sus ojos estaban tan rojos entonces que pensé que le iban a sangrar.
-Claro, un ángel. Sabes que tú eres el culpable ¿no?
El bobo se quedó en silencio un buen rato, jugando con las gotas de cerveza que habían caído en la mesa, luego dijo:
-¿Yo? ¿Por qué yo? Yo amo a mi hermanita y ella me ama a mí
-Sé que la amas y ella a ti, pero ella se preocupa mucho por ti, eres una carga para ella, a ella le preocupa morir y dejarte solo y ese es lo que la está matando, irónico no lo crees.
-¿Irónico?
-No importa. Sabes, he estado pensando, por qué no le haces un favor a tu hermana y te mueres ¿eh?
-Uuh ¿mo-morir? No, eso es pecado, yo...yo...
-Vámos a dar una vuelta, así se te quitará el mareo por la cerveza.

Estuvimos caminando por las empedradas calles que rodeaban al bar, él no había dicho nada, seguía viendo sus zapatos. Yo tampoco dije nada, me quedé pensando en por qué le había dicho que se suicidara, el plan original era hablarle de lo mal que estaba su hermana y de lo mucho que le dolía pensar en dejarlo solo, jamás pensé en decirle que él era una carga y de lo de suicidarse. Pensé que lo había echado a perder, había seguido la conversación como si nada, no fue hasta salir del bar que me di cuenta realmente lo que le había dicho. Pero entonces él dijo:
-Muy bien.
-¿Perdón? No entendí.
-Lo haré. Me quitaré la vida y así ella no sufrirá tanto.

Me quedé sin palabras y un frío enorme subió por mi cuello. Él estaba sonriendo.
Entonces le dije que conocía un lugar, pero él ya estaba caminando.
Seguía sonriendo como si fuera a llevarlo a un parque de diversiones, eso me hizo sentir horriblemente incómodo. Finalmente llegamos al dichoso puente, eran ya las ocho de la noche y casi nadie pasaba a esa hora.

-¿Listo?-le dije pero él ya estaba subiéndose a los barandales.

Él se quedó un buen tiempo viendo al vacío; el puente estaba sobre un oscuro barranco por donde alguna vez pasó un río pero este se había secado y el fondo estaba repleto de grandes piedras.
Pensé que alguien nos vería, pensé que el dueño del bar había oído nuestra conversación y ahora la policía vendría tras de mí para llevarme. Pensé-
Él volteó y por un momento no era él, pero ella. Mi amada.

-Siempre te amaré- me dijo y no era él. Era ¡ella! Era la viva imagen de mi amada, su suave y hermoso cabello castaño, sus mejillas sonrojadas y esos brillantes ojos, su suave y siempre tierna voz. ¡Mi amada estaba por saltar del puente! ¡TODO POR MI CULPA!

-¡NO!-le grité y corrí hacia ella y la tomé por el brazo.
-¡No saltes!
-Mi amor, es lo mejor...estoy tan cansada. Quiero morir.
-No te dejaré.
Ella me besó y puso sus suaves y débiles manos en mi rostro.
Y entonces nos dejamos ir...

Ahora caigo hacia el vacío, viendo hacia arriba mientras me sujeto a mi amada esposa.
Y arriba, parado sobre los barandales lo veo.
Él sigue sonriendo.
¿Quién está a su lado?

¿Dónde está mi amada? ¿¡DÓNDE!?
¡¿POR QUÉ ESTOY CAYENDO SOLO AL VACÍO?!
¡A DÓNDE SE FUE MI AMADA, A DÓNDEEEEE?!

¡MALDI-



miércoles, 22 de abril de 2015

El gran baile


El salón estaba lleno, los invitados vestían los trajes más caros y lujosos en todo el reino.
Las copas se vaciaban y se llenaban de vino una y otra vez, cualquiera que se pusiera demasiado ebrio para comportarse era lanzado fuera del castillo por los enormes guardias, si el ebrio seguía necio entonces ellos podían usar los puños y ¡vaya! que sabían usarlos.

Arriba en las habitaciones una que otra "doncella" se divertía con los muchos "príncipes" que rondaban el palacio en busca de desahogo. En la habitación del fondo, yacía una hermosa muchacha de cabello negro, su cabeza había sido abierta por la fuerza de una enorme veladora de oro. La sangre se esparcía por su vestido rosa. 
Pero ella no era la protagonista, ella no importaba, a nadie le preocuparía su muerte. 
No, todo giraba alrededor del príncipe, el verdadero. 

Sus padres lo observaban desde sus tronos, él había bailado con casi todas las muchachas en el salón, pero no parecía encontrar la indicada.
Justo antes de la media noche, las enormes puertas del palacio se abrieron y una preciosa muchacha apareció; su cuerpo parecía haber sido tallado en mármol por una artista prodigio, su rostro mostraba una inocencia y una sensualidad que hizo que el príncipe se quedara parado boquiabierto. Y con una pequeña erección.

Aquella hermosa dama bajó los escalones con una gracia divina, sosteniendo la lujosa tela de su vestido rojo. Unos relucientes zapatos plateados taconeaban con cada paso que daba.
La audiencia observaba atónita el andar de aquella destellante figura. Un aroma a rosas parecía flotar en el aire.

-Usted me ha quitado el aliento y ha llenado de placer mis ojos, ¿Quién es usted? jamás la he visto antes en estas tierras-dijo el príncipe besando la suave y delicada mano. 
-Me llamo Estela-dijo la dama de rojo, sus labios parecían hechos de algodón y su cuello era refinado como el de un cisne. Su cabello castaño caía como una cascada sobre su hombro derecho. 
-Estela. que hermoso nombre.

Ambos sonrieron y el baile comenzó a su alrededor, el público los admiraba, una que otra mujer la miraba con una negra envidia, pero la mayoría sólo bailaba. La banda tocaba alegre y el rey y la reina sonreían y se tomaban de la mano. 

El baile continuó por horas y él no bailó con nadie más. Sus ojos parpadeaban con el brillo de las estrellas más cercanas en el cielo, sus labios deseaban los de ella. El aroma a rosas flotaba a su alrededor haciéndolo alucinar y soñar con tenerla en su habitación. Soñaba con acariciar esa piel de seda.
Soñaba con-

En un instante sus labios estaban juntos, fundiéndose en un beso tan acalorado que hizo que muchos de los invitados vieran hacia otro lado incómodos. 
Todo se detuvo, la música se alejó como si se hubiera ido por un túnel, las siluetas se difuminaron como tinta en el agua. Sólo eran ellos dos.

Entonces vino el dolor. Empezó como un ligero cosquilleo que él consideró parte del intenso amor que sentía por ella, pero luego empezó a presionar sus entrañas como un terrible calambre, era como tener un par de manos apretando sus intestinos y haciéndolos un nudo. Él intentó separarse pero ella sólo lo atrajo más. Entonces descubrió lo que estaba oculto bajo el aroma a rosas, era un aroma rancio y nauseabundo y que él sólo había sentido en las veces que había ido a pelear. Cuando había estado en los campos de batalla había visto los cuerpos herido, los cadáveres de los soldados caídos. Había visto los restos que dejaba la muerte, la carne llena de gusanos, las nubes de moscas negras que se apareaban sobre la putrefacción. 

-¡No!

El príncipe cayó al suelo, su cabeza se sentía hinchada y le tomó un buen rato para volver en sí, la música se había detenido. Estela seguía parada frente a él, sus brazos se columpiaban como los de un simio. Y su rostro, ¡Oh su rostro! 

-La-la M-m-m-m

-La muerte no soy querido príncipe. Pero sí soy amiga de ella. 

Él miró a su alrededor y vio a todos los invitados en el suelo, sus cuerpos retorcidos unos sobre otros, sus rostros y cuellos hinchados, la piel tenía un oscuro color morado. Todos se habían envenenado en un instante y sus ojos colgaban fuera de sus cuencas. Él vio a sus padres y ellos colgaban con la cabeza abajo sobre sus tronos, pero él pudo ver la misma máscara oscura de muerte y tragedia.

-¡Qué has hecho maldita!
Se limpió sus labios que ahora tenían un sabor a estiércol.

-Usted no lo recordará, pero yo era una niña cuando sus fuerzas invadieron mis tierras. Éramos una pequeña comunidad, libre y sencilla. Pero sus padres no admitían eso, debíamos ser parte de su reino, debíamos pagar sus impuestos y servirles nuestra comida. Cuando nos negamos ustedes nos quemaron vivos, nos cortaron las cabezas y nos dejaron con las entrañas afuera para alimentar a los cuervos. 

-Yo-yo no tuve nada que ver
-Lo sé, ni yo tampoco. Pero sus padres sí. Y ellos ya estaban viejos y usted es joven y hermoso. Así que lo dejaré vivo, para que entierre a sus invitados, a sus amigos y a sus padres así como yo enterré a los míos. Así como yo limpié las cosechas de los restos podridos de mi gente. 
Así que me iré. Y lo dejaré. 

-¡Maldita seas! ¡Te buscaré y quemaré tus tierras otra vez! ¡TE MANDARÉ AL INFIERNO!

-JAJAJAJAJA  ¡pobre príncipe inocente! Yo ya estuve en el infierno. Yo ya vi el rostro de la muerte y el del que habita esos reinos de azufre. ¡YO! hice un trato con ellos y ahora si me disculpa, tengo otros reinos que visitar. Usted no es el único hijo real en este mundo. 
Tal vez lo vuelva a ver. O tal vez no, si es inteligente me evitará. Ahora me iré.

Tengo muchos bailes que asistir...

El hombre de la basura


Él se dará cuenta.
Maldita sea, ¿por qué puse sus restos en esas malditas bolsas de basura?
¡Soy un idiota!
Debí deshacerme del cuerpo de otra forma. Tal vez debí enterrarlo o quemarlo, clar que no era posible, el patio está cubierto de concreto y bueno, quemarlo simplemente llamaría la atención.
¿Y qué hice? pues, desmembré el cadáver en varias partes y lo puse en cinco bolsas de basura negras, cada una envuelta en otras tres bolsas. Me aseguré de que las bolsas estuvieran bien selladas para que no hubiera derrame de nada.
Como no tenía mucha basura, y poner esas cinco bolsas solas podría llamar la atención, tuve que tirar la mayor parte de comida y ropa, para así evitar la atención en esas pesadas bolsas.
Ahora creo que fue un error. Mierda, no debía hacerlo. Me refiero a las bolsas y no al crimen, el crimen no me afecta. Él se lo merecía y matarlo fue bastante simple ya que él estaba ebrio. Eso me recuerda que debo limpiar la sangre del piso.

¡Ahí viene! 
O Dios, creo que dejé las bolsas demasiado pesadas, ¿y si cuando las levanta las bolsas se desgarran y toda la porquería sale? ya puedo imaginar la sorpresa del hombre de la basura cuando vea las partes grotescamente desgarradas, los brazos y piernas, ¡Oh Dios! la cabeza con la parte de arriba abierta y deformada por los golpes. Mierda. Mierda. ¡Mierda!

Shhhh, ¿a quién estoy callando? soy el único que queda en esta casa.
Aquí viene, el hombre de la basura. Pablo creo que es su nombre, siempre el mismo. Recuerdo cómo él lo maltrataba. "Hay tú, si tú, hombre de la basura. ¿Cuánta mierda te queda por recoger eh?" Oh cuánto lo odiaba, siempre sentado en su mugrienta silla de ruedas, bebiendo en la mañana y noche, siempre salía a esperar al hombre de la basura para insultarlo y llamarlo "basura café" y para tirarle sus latas de cerveza y reírse del pobre cuando las levantaba. Él jamás dijo nada, sólo hacía su trabajo.

Sshhhh ¿otra vez? no hay nadie aquí maldita sea.

El hombre de la basura lo sabe, sí, ¡lo sabe! es obvio, de otra forma no estaría viendo esas bolsas con esa curiosidad. Maldita sea son pesadas y lo sé, yo las arrastré, además el tipo era gordo. 
Bien, ya subió una, era una de sus piernas. Ahora subió la que tiene ropa.
El camión ocultará el olor cuando la carne se empiece a pudrir.
Ooh, ahí van los brazos, la otra pierna.
Ahí va la comida que aún estaba buena.
¡Jesús! ¡El torso!
Se romperá, lo sé, la bolsas se desgarrarán y las entrañas se esparcirán por el suelo. La vecina gritará, él vomitará y yo...yo...¿listo? un gemido y ya.
¿Me ve? no creo, estoy en el piso de arriba y mi cara apenas y sale por las cortinas.
Pero me ve. Él está viendo hacia acá. Lo sabe maldita sea.

Toma la última bolsa, la que contiene la cabeza, se ve tan redonda, tal vez piense que es una lechuga podrida. No. No. Noooo. ¡Noooooo! la está abriendo, está viendo el contenido, la cabeza abierta, los sesos esparcidos sobre el cabello. ¡Carajo!
No veré, me ocultaré, saldré por el patio y huiré, no sé a dónde pero...
¿Qué hace? la está cerrando otra vez, ¿cómo? ¿qué no vio la cabeza? debió hacerlo, abrió todas las bolsas y hasta metió la mano. Me sigue viendo. Ahora sonríe. El hombre de la basura sonríe.
¿OK? ¿es ese el gesto que hace con sus dedos? 
Todo está bien, me dice con su rostro y dedos. Lanzó la cabeza hasta atrás de la montaña de basura. He corrido la cortina por completo y ahora lo veo de cara y él a mí. Mi corazón está frío en mi pecho. El hombre de la basura sonríe y me guiñe un ojo como diciendo ¿gracias?
¡Gracias!
Ahora se va, irá con mi vecino. Seguirá su ruta levantando basura. Pero se ve feliz, puedo ver su sonrisa aun dándome la espalda. 

Todo está bien.

domingo, 19 de abril de 2015

Mami te quiere


Sé que la extrañas, creías que ella iba a ser la mujer de tu vida ¿cierto? Lo sé, lo lamento. No llores, mami está aquí.

No sé por qué se fue, pero sé que ella lo lamentará algún día y cuando menos lo creas, ella entrará por esa puerta, se pondrá de rodilla y te pedirá perdón. Sé que así será. Una madre siempre sabe.
Ahora, deja de llorar y lamentarte, mami está aquí y mami te cuidará. 
Come, te hice una de mis famosas hamburguesas. Sé que la carne sabe raro, ya nadie vende carne de calidad en esta ciudad, pero la hice con cariño como siempre lo he hecho. Así que come, que eso es lo que hace a una madre feliz.
Luego puedes irte a dormir. ¿Quieres que te de un baño?
Está bien, no dormiré contigo, sé que eso te incomoda. 
Ahora termina tu hamburguesa y deja de llorar por esa mujer porque mami está aquí. Mami te quiere y mami te cuidará como siempre lo ha hecho. 
A ver, dame un beso. Eres todo un hombre, eres mi hombre.
Olvídala. Ella se ha ido. Déjala que deambule por ahí, déjala que sufra.
Vamos, come. Eso es, ¿deliciosa, verdad?
Come, y si quieres más dímelo que hay más carne de donde vino esa.

III


Las calles estaban llenas de cuerpos en descomposición. Entre ellos habían amigos, familiares, vecinos, gente importante, gente tanto inocente como culpable. Todos muertos, unos sobre otros. Los pocos que quedaban pasaban el resto de sus días encerrados en sus derrumbadas casas, tapiando puertas y ventanas, y alimentándose de los pocos restos de comida que alguna vez guardaron inconscientemente sin saber por qué realmente. Ninguno pensó que alguna vez pasaría tanta hambre ni tanto miedo. 
El último de los hombres que había sobrevivido a los horrores de la Segunda Guerra Mundial había muerto hacía años. En las calles se leían carteles con las palabras "BIENVENIDOS, NADIE AQUÍ SALE Y NADIE AQUÍ ENTRA" "ÉL NOS MINTIÓ Y MIREN EN DÓNDE ESTAMOS AHORA" "NO VIVIRÉ DISPARANDO SUS ARMAS, MORIRÉ ESCUPIENDO EN SUS CARAS" y muchas otras. La pequeña rebeldía que se había formado al principio se había esfumado en pocas semanas. Muchos habían sido colgados.

La noche era lo peor porque en las noches la muerte se llevaba a los enfermos y a los ancianos, no habían faros en las calles por lo que los incontables cadáveres eran cubiertos por la oscuridad, eso era bueno, pero a veces, cuando los sobrevivientes lograban conciliar el sueño, una persona gritaba a lo lejos, a veces eran varias, luego se oía el ensordecedor sonido de los disparos y bombas y esas voces anónimas se callaban. 

Niko no podía dormir, su madre había muerto dos horas antes, una herida en su pierna se había infectado y ella había pasado días con una infernal fiebre. Al final ella no sabía quién era ella, ni tampoco sabía que él era su hijo, simplemente se la pasó gritando "Dios nos olvidó cuando vio que nosotros sólo queríamos quemar el cielo. Él nos dio la espalda cuando supo que nosotros sólo queríamos beber sangre" Niko procuraba que ella no hablara tan fuerte para que nadie los oyera mientras él mismo trataba de ahogar sus propios sollozos. Cuando ella finalmente murió él se sintió aliviado. No tendría que tratar inútilmente de salvarla. Él estaba sólo.
  En medio la noche, fue a su habitación, quitó una de las tablas chuecas de la ventana y vio el cielo por primera vez en semanas, el cielo estaba quieto y no había luna esa noche. Entonces vio un pequeño parpadeo. Sus ojos miraron fijamente hacia esa pequeña luz parpadeante, incrédulo. Él había leído de estrellas fugaces en los pocos libros que quedaban. Había escuchado sobre el poder de los deseos. De las plegarias. De cuando Dios aun vivía. 
 Niko miró al brillante punto en el cielo y pidió un deseo. 
"Haz que todo acabe" le dijo a la luz que se hacía más grande.

Bajó a la sala y se sentó junto al cadáver de su madre, cerró los ojos y empezó a llorar meciéndose hacia adelante y hacia atrás.

En el cielo, la luz se hacía más grande y más brillante. Un tremendo ruido llenó las calles, más fuerte que las armas y que las granadas ocultas en el suelo que a veces estallaban por cuenta propia como si se hubieran hartado de esperar a que alguien las pisara.
Entonces la estrella cayó en medio de las ruinas y todo se iluminó. Las pocas casas que quedaban de pie se borraron de la faz de la tierra como columnas de arena ante una fuerte ventisca. Los árboles quemados, los autos volcados y que siempre estaban en llamas, los tanques quietos y muertos. Y claro, las montañas de cadáveres en las calles y parques. Todo se borró en un segundo. Finalmente.

La Tierra giraba lentamente sobre su eje como siempre lo había hecho y como probablemente lo haría por muchos otros millones de años. Los continentes que alguna vez habían brillado y parpadeado ahora eran negros y áridos cubiertos por nubes verdosas y tóxicas. Una enorme nube de hongo sobresalía en algún lugar. Un lugar que ya no importaba.

En el espacio, rodeado de cientos de trozos de metal inútiles, flotaba un satélite. En su superficie se leía la frase "LA DIVINA HUMANIDAD HABITA ESTE PLANETA Y LO HARÁ POR OTROS MIL AÑOS. FUIMOS ELEGIDOS POR ALGO MÁS GRANDE QUE DIOS...Y SEGUIREMOS EXISTIENDO MUCHO DESPUÉS QUE DIOS MUERA"

La Tierra sólo siguió girando.


Arañas


Lo primero que Jacob sintió cuando finalmente pudo abrir los ojos, fue el horrible dolor en su pierna. Era como si alguien estuviera clavando un tenedor en lo más profundo de su carne, llegando maliciosamente hasta el hueso y retorciendo cada uno de los nervios.

La noche ya había sido mala para Jacob; había tenido lo que parecía un interminable pesadilla. En ella, él se encontraba en su misma habitación, acostado sobre su misma cama y rígido como una tabla. Como en los sueños, los bordes de las cosas eran difusos como cuando alguien pasa su dedo sobre un línea de tina recién hecha en una hoja de papel, lo único que él podía mover (ligeramente) era su cabeza. Él sabía que era un sueño, uno sabe cuando lo es, pero aun así él no podía evitar la maligna sensación de peligro. 
 La habitación estaba iluminada de repente por un enfermizo color rojo brillante, era como tener una hoja de papel celofán sobre tus ojos, Jacob le ordenaba a su cuerpo que despertara pero él sólo podía sentir a lo lejos la sensación de las sábanas sobre su cuerpo.
Entonces la puerta empezó a abrirse lentamente y produciendo el mismo sonido de una reja vieja y oxidada. La oscuridad del otro lado empezó a colarse dentro de su habitación. Jacob estaba gritando pero sus gritos sólo se oían en el mundo real y él estaba solo en su casa. Era inútil.

Una enorme araña del tamaño de un perro empezó a arrastrase dentro de la habitación; la araña parecía estar cubierta por una curtida capa de piel humana, al final de cada una de sus ocho patas había una deforme mano humana; los dedos mal formados señalaban en todas direcciones y retorciéndose. Jacob entonces miró hacia otro lado pues a pesar de saber que era un sueño creía que ver a esa deformidad por más tiempo lo llevaría a la locura. Pero la araña subió lentamente a su cama y en un instante él estaba de frente a esa infernal criatura. Jacob se vio brevemente reflejado en los muchos ojos negros de la araña. La araña entonces empezó a abrir su quijada revelando un enorme aguijón. "Oh Dios" dijo Jacob mientras el aguijón se extendía más y más. Ahí fue cuando él despertó.

No tuvo tiempo de suspirar aliviado, ni tampoco pudo observar el tranquilo brillo que traen las mañanas después de un mal sueño. Jacob sólo pudo sentir dolor, tan fuerte y desgarrador que por un momento creyó que su pierna había sido arrancada con todo y hueso. Como pudo se levantó apoyándose en sus codos, no había sangre y la pierna seguía ahí. Una marca negra perfectamente redonda sobresalía en el muslo; la marca tenía el tamaño de una tapa de gaseosa y la piel alrededor estaba hinchada y enrojecida. "Algo se está moviendo. ¡Oh Dios! ¡ALGO SE ESTÁ MOVIENDO!" 
Jacob no pudo correr, no pudo gritar como loco pidiendo auxilio. Él simplemente se quedó en su cama con la boca abierta y sus ojos desorbitados. En su pierna algo sí se movía, y poco a poco la piel se fue abriendo desde adentro como la capa de aluminio en una lata de Pringles. Un puñado de diminutas patas negras se abrieron paso desde su interior. Docenas salieron de su pierna, muchas otras empezaron a brotar fuera de su boca abierta. En pocos minutos los ojos habían sido devorados desde adentro y más arañas salieron de las cuencas vacías. Las malditas salían por todos lados, de su nariz, de sus oídos y muchas otras acortaron el paso desgarrando su garganta y su estómago. 
  El cuerpo de Jacob estaba cubierto por una capa negra de bichos que lo devoraban. Al cabo de una hora, bajo la pijama sólo había un esqueleto cubierto con unos cuantos trozos de piel, carne y cabello.

En poco tiempo las arañas encontraron una grieta en la ventana de su habitación por la que salieron como si nada hacia la tranquila calle. Y así encontraron el mundo fuera de las pesadillas.


miércoles, 15 de abril de 2015

Miedo, risas, amor y maldad en el cuarto de la muerte.




Lo único que Manuel podía percibir mientras tenía la cabeza cubierta por ese sofocante saco negro era la voz de aquella mujer. La voz era fuerte y con un toque de masculinidad. Sexy en cierto sentido.
  -Muy bien, empecemos. El primero es, humm, Arturo Córdova, treinta y dos años, se le acusa de espionaje -decía la mujer, Manuel podía escuchar el tacón de sus zapatos en el pavimento, ella estaba caminando alrededor de aquel hombre.
  -¿Hay algo que quiera decir? -dijo la mujer a aquel desconocido. Durante todo ese tiempo una imagen llenaba la cabeza de Manuel; una imagen que lo llenaba de profundo terror. En ella, él veía a aquella mujer y la veía hermosa, vestida con un traje negro que hacía resaltar cada una de sus curvas. Todo estaba bien hasta que Manuel veía sus ojos de lagarto; ojos grandes y amarillentos con una raya negra vertical en medio. Claro que todo estaba en su imaginación, él jamás había visto a la mujer, todo el tiempo él había estado amarrado y con los ojos cubiertos.
  -No tengo nada que decir -dijo el hombre resignado.
  -Ahora -dijo la mujer a uno de los guardias.
Por un terrible segundo, Manuel pensó que el disparo había sido para él, podría jurar que la bala pasó por su cabeza atravesando su cerebro, podía sentir el calor. Pero él seguía vivo, de rodillas sobre el duro pavimento y viendo no más que la negra tela sobre su cabeza. Luego escuchó el sonido del cuerpo cayendo al suelo como un saco de papas. Y luego el sonido del cuerpo siendo arrastrado fuera de la habitación.
  -Siguiente -dijo la mujer lagarto, sus palabras haciendo eco en la habitación.
Manuel pensó nuevamente que era a él a quién le hablaba, no sabía cuántos más estaban junto a él, podía escuchar unos cuantos gemidos a su lado, pero no podía saber nada más.
  -José Francisco Melares, cuarenta años, acusado de espionaje. ¿Tiene algo que decir?  -La mujer lagarto seguía cambiando una y otra vez en la mente de Manuel, ahora no sólo tenía los ojos salvajes de un lagarto, sino que también tenía unos enormes cuernos en su frente, los cuernos estaban enrollados como los de un carnero y dentro de los zapatos negros no habían pies humanos pero un par de pezuñas de cabra. Manuel imaginaba a los guardias igual de aterrados que los condenados, pensando en usar sus armas contra la mujer lagarto pero demasiado aterrados para actuar.
  -P-p-por fa-favor les p-pido piedad -dijo José Francisco Melares de cuarenta años. ¿Cuántos hijos dejas? se preguntó Manuel. ¿Cuántos seres queridos dejamos todos atrás?
  -¿Piedad? -dijo la mujer lagarto con un tono indiferente y luego empezó a reírse, unos de los guardias tosió incómodo. Ahora él veía una enorme lengua viperina saliendo de su boca mientras se carcajeaba.
-Jamás hubo piedad en este mundo -le dijo y segundos después el sonido del arma se escuchó de nuevo y el aroma a pólvora llenó sus fosas nasales haciéndolo sentir aún más sofocado en esa maldita bolsa. Otro cuerpo cayó y otro cuerpo fue arrastrado. Pudo sentir que sus rodillas se empapaban con algo, no sabía si era sangre u orina. Tal vez era ambos.
“Es mi turno, de eso estoy seguro” pensó Manuel, tal vez eso era mejor. Él no sabía cuánto más podría estar en esa posición de rodillas y con sus manos amarradas tras su espalda, todo mientras la mujer lagarto seguía mutando en formas cada vez más horrendas.
-Pablo Solorzano Gonzales Pae -dijo la mujer con su voz fresca. El corazón de Manuel se detuvo y si no hubiera tenido la bolsa puesta, los guardias habrían visto como sus ojos casi saltaban fuera de sus cuencas.
  -Veinte años, acusado de espionaje -dijo la mujer lagarto, ¿Por qué se molesta en leer nuestra edad y nuestros cargos? Todos estamos aquí por lo mismo, y a todos no tirarán en una fosa. Así que ¿Por qué tanta estupidez? bien podrían dispararnos a todos al mismo tiempo y así ahorrarse todo esta estupidez.
  -¿Tiene algo que decir?
  -Si -dijo Manuel aclarando su garganta, en su mente no le estaba hablando a una mujer ni tampoco a un lagarto, ahora estaba hablando con la esposa del diablo; su cara alargada como la de un caballo con unos ojos rojos y ardientes, sus cuernos decorados con las argollas de matrimonio de todas sus otras víctimas, una larga y negra barba que llegaba hasta su cintura, al final de la barba (amarrada con el cabello mismo) una cruz invertida. Los guardias no eran humanos tampoco, eran ángeles que habían pensado que desafiar a Dios sería divertido, pero que ahora pasaban sus días arrepintiéndose mientras eran forzados a ver como la sangre se derramaba en aquel escondido lugar una y otra vez.
  -Mi nombre no es Pablo Solorzano Gonzales Pae, ese nombre me fue dado como segunda identidad. Mi verdadero nombre es Manuel Alfredo Hernández Ruñiga. Y no le tengo miedo a sus ojos de diablo.
Esa última oración pareció salir como aguar hirviendo por su garganta, Manuel no se había dado cuenta que él ya no tenía la bolsa apestosa sobre su cabeza, él simplemente había permanecido con sus ojos cerrados mientras imaginaba a la mujer diablo frente a él.
  -¿Qué? -dijo la mujer, ella estaba inclinada frente a él casi como si quisiera besarlo. Los guardias se vieron unos a otros confundidos. Entonces ella empezó a reír. Era una vivaz carcajada y al rato los guardias rieron también. Era el mejor chiste de la historia.
  -¿Yo tengo ojos de diablo? JAJAJAJA, ¿quién te dijo eso, mi ex esposo? -Más carcajadas salían de la mujer. Si la sangre de Manuel no hubiera estado congelada por el pánico, su rostro se hubiera sonrojado. Esa no era situación para bromas, dos hombres habían muerto después de días de tortura, él mismo lo sabía, había perdido cuatro dedos, dos de sus manos y dos de sus pies mientras ellos buscaban la información que él sabía. También tenía marcas profundas en su espalda de cuando lo habían azotado con látigos que parecían haber estado cubiertos de espinas en llamas.
No, eso no era para reírse. Aun así la mujer diablo parecía estar gozando.
  -¿Eso es todo lo que vas a decir? -le preguntó ella tratando de recobrar el aliento -¿No vas a decirme que te arrepientes o que me vaya al infierno? -preguntó, las risas se habían apagado del todo ahora.
  -No -dijo Manuel abriendo los ojos. No había visto mucha luz desde hacía días, así que sus ojos sintieron como si les hubieran arrojado sal al instante en que los abrió. Finalmente las formas se aclararon y el vio todo finalmente. Vio a la mujer alta y sin busto frente a él, su uniforme era un gris pálido y gastado, su cabello era pelirrojo y más corto que el suyo, sus ojos tenían un simple pero profundo color café. Lo único atractivo en ella eran sus labios gruesos que aun sin estar pintados tenían el color de unas fresas maduras y jugosas. ¿Qué carajos me pasa? pensó Manuel mientras sus ojos seguían fijos el uno al otro. Los guardias tenían una enorme máscara de confusión. ¿Qué es esto una novela? pensó Manuel.
Entonces él empezó a reírse. Primero sus labios temblaron ante la inevitable ola de risa que venía subiendo por su garganta y luego estalló, la carcajada más pura y alegre de su vida, ni siquiera de niño había sentido tanta diversión. Su visión se volvió borrosa mientras su ojos se llenaban de lágrimas. La sangre se había descongelado y ahora podía sentir como sus mejillas se enrojecían como cuando llegaba a casa después de haber jugado fútbol toda la tarde. La mujer (que no era ningún lagarto o ningún diablo) se quedó boquiabierta y los guardias intercambiaron una mirada tan cómica que sólo lo hicieron reír aún más. Manuel se fue de espaldas cayendo sobre sus manos adormecidas y sintiendo que sus muñecas se iban a partir, pero no importaba. No tenía sentido y Manuel quería detenerse, pero la risa salía de él como el agua de una tubería rota.
  -Basta -empezó a decir la mujer. -Basta -pero Manuel sólo reía con más fuerza, su decrépito cuerpo se retorcía en el suelo y creyó que sus entrañas se saldrían hasta por su nariz.
  -¡BASTA MALDITA SEA!
Manuel vio a todos lados y vio la sangre en el pavimento, el aroma a orina era real. También el aroma a muerte. “Piedad” “P-p-por fa-favor”  “Jamás hubo piedad en este mundo” “Ella no tiene cuernos, tampoco tiene cola o patas de cabra, su cabello es rojo y no tiene ningún crucifijo invertido colgando de una barba negra” “Ja, ella es hermosa de manera brusca, parece más hombre que yo, pero Ja es hermosa”
  -No tiene nada más que decir que reír como un maldito maníaco. ¿Listos?
El guardia elegido para la tarea preparó su arma, sus ojos aterrados por aquella demencial situación.
  -No JAJAJA USTED, YO, JAJA, ELLOS, MALDITA SEA. CREO QUE LA AMO, Y CREO QUE USTED TAMBIÉN, PERO NO LO DIRÁ PORQUE YO SOY UN ESPÍA Y USTED UNA ASESINA. ADEMÁS NO CREO QUE ESTE LUGAR SEA EL MEJOR PARA DECÍRSELO. CON TODA ESA SANGRE JAJAJAJA.
El guardia esperaba la orden, los otros decidieron ver a sus pies y así evitar la incomodidad que aquellas palabras le causaban a la mujer, a su jefa. Tal vez era un gas o algo que estaba causando tal locura. La mujer vio al hombre en el suelo. Finalmente ella se puso de rodillas y lo jaló de su mugrienta camisa para sentarlo. El hombre finalmente se calló, su rostro rojo e hinchado por todas las lágrimas. Su cabello estaba manchado por la sangre del hombre antes de él.
Entonces algo pasó que ninguno de ellos esperaba. “La mujer diablo” se inclinó y lo besó y él la besó de regreso.
Una ligera sonrisa se dibujó en el rostro del guardia armado. Pero eso no era una novela romántica. Al final no hubo necesidad para él de disparar.
Mientras ambos seguían unidos por los labios en aquel raro pero apasionado beso, el rostro del Manuel empezó a tornarse negro. Sus ojos se abrieron y una sombra se movía tras ellos. Su cabello, aunque muchos lo negaron durante los años siguientes para no perder la poca cordura que les quedó desde aquel día, se blanqueó y empezó a caerse como las hojas de un árbol muerto, era como si un feroz cáncer hubiera carcomido su interior en un instante. Ella seguía besándolo y ellos podrían haber jurado que su cabello rojo estaba brillando como metal siendo atravesado por una intensa corriente eléctrica. Nadie podía moverse, nada tenía sentido. Para ellos la rutina se basaba en tortura y finalmente en asesinato si no podían conseguir lo que querían. Pero aquello simplemente no tenía sentido, era como una especie de demencia colectiva los hubiera afectado de repente. El maldito cabello rojo de la mujer brillaba con intensidad mientras la piel de aquel lunático se podría. La mujer diablo finalmente lo soltó, era como una sanguijuela que finalmente deja de succionar la sangre de su víctima.
  -Oh Jesús -dijo uno de los guardias, pero nadie lo escuchó porque Manuel había empezado a gritar, gritaba como un demente, el cabello rojo de la mujer diablo se fue apagando, de su cabello salía humo y un ligero aroma a quemado. Manuel seguía gritando, sus ojos bien abiertos y su piel negra como si tuviera la peor de las gangrenas. La mujer sonrió y de su boca salió fuego, al menos así lo creyó el guardia que se supone debía encargarse de él. Pero quien sabe.
De una forma u otra, Manuel estalló en llamas en unos segundos, sus gritos agonizantes llenaron la habitación y ninguno de los otros guardias pudo moverse. Manuel se retorcía en el suelo como cuando se había estado riendo, excepto que ahora era de un dolor tan puro que parecía mentira. El fuego no parecía extenderse a nada más, sólo se dedicó a él y sólo a él. Un fuego que olía a azufre y que parecía estar vivo y hambriento por carne humana.
 -¡AAAAAAAAAGHGAAAA DIOOOOS AAAGGGH! -gritaba el hombre en llamas mientras enormes llagas explotaban en su piel negra.
 -Por favor -dijo el guardia, su cordura estaba colgando de un hilo.
 -Aaah, muy bien. -dijo la mujer diablo, algo se movía en su boca, tal vez era un gusano o algo peor. Dios, no quiero saber, pensó el guardia mientras levantaba el arma con su mano entumecida.
El hombre apuntó el arma y disparó terminando con toda esa locura.
Otro guardia trajo agua y una sábana y cubrió el cadáver deformado de Manuel. La mujer diablo se levantó y ellos pudieron jurar que ella lucía diez años más joven. Sus labios se veían sensuales, incluso había ganado más busto. Un aroma dulce salía de sus poros mezclándose con el aroma a carne y cabello quemado. Más la orina y sangre de los otros que habían, a pesar de todo, muerto de mejor manera.
El trabajo del día estaba hecho. Se llevaron el cadáver y limpiaron el lugar con cloro. A ella no le gustaba ejecutar si no se había limpiado la sangre del día anterior.
  -Bien, eso fue extraño. -dijo la mujer diablo mientras fumaba un cigarrillo. Nadie dijo nada, no querían de todas formas.


En la noche, cuando todo estaba apagado, Izmael pensó en todo, pensó en los ejecutados, pensó en sus compañeros y pensó en ella. ¿Qué carajos habían visto? “mujer diablo, ojos amarillos, barba negra y cruz invertida, patas de cabra y cabeza de caballo” las palabras flotaban en la oscuridad de su alcoba. Su arma aferrada a sus brazos. Asesinar jamás le había quitado el sueño, era como si él hubiera nacido para eso. Pero esa noche pensó en cada uno de los ejecutados con su arma. Habían sido 39. Luego pensó en Dios y en el Diablo.
“Oh Dios, creo que la amo” pensó Izmael. Pero eso no tenía sentido. Una risa empezó a subir por su garganta. Sin encender la luz, puso sus manos en el gatillo de su arma y sintió el frío metal en su boca. El olor a pólvora casi lo hacen estornudar. En lugar de eso cerró los ojos pensando: “Qué carajos pasó”
La pistola se disparó por segunda vez ese día.